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sábado, 15 de octubre de 2011

Parando el reloj

....Mientas pasaban los coches, ella miraba como en camara lenta las caras de la gente. La gente mayor no le devolvia la mirada. Miraban al suelo con cara triste. Una cara llena de dolor, de ilusiones perdidas, de mentiras calladas, de dolor viciado harto de coexistir con ellos. Y luego miraba a los niños, los cuales tampoco le devolvian la mirada. Estaban demasiado ocupados jugando, imaginando, viviendo una realidad paralela, esa que dicen que hace que los niños sean tan felices y a la queremos volver todos. Y mientras miraba esos cuerpos distantes de su realidad pensaba en todo lo que habia hecho mal. Pensaba en todas las cosas que podria haber hecho para haber tenido una vida mejor. Entonces sus ojos se fueron a una pareja. Él era mucho mayor que ella, pero ella le cogia del brazo de manera cariñosa. Se veia que en esa relación habia mas seguridad y afecto que amor. Ella lo sabia bien porque ya habia estado una vez en esa situación. Ella tambien tuvo un marido que la queria y protegia. Ella tambien tuvo ese brazo protector , esa sensación de que aunque su corazón estaba fuera de lugar, ella parecia estar en su sitio. Que ironia! Mientras lo de fuera parezca estar en su sitio lo de dentro no importa. Justo cuando lo de dentro es lo mas importante! Ella tambien habia tenido una familia. Un hijo precioso donde depositar todo su amor y sus sueños. Un pasado impecable. Y claro, con tanto pedir amor a hurtadillas, cuando el amor llegó, iluminó cada parte de su cuerpo y todo le dió igual. Le cego el cerebro y le lleno el alma de deseos y sueños. Y se volvió a sentir niña jugando a una realidad paralela donde todo vale mientras seas feliz. ¿Como puede hacer daño el amor? Y asi lo dejo todo, estabilidad, amor de un hijo, todo era un ticket valido a cambio de la felicidad que aquel amor le producia. Las lagrimas le resbalaban por la cara al mirar todas esas caras a su paso. Y anhelaba que alguna de ellas le mirara para preguntarle donde iba, pero todas ellas le ignoraron a su suerte. Todas preferieron darle la espalda a su destino, dejandola más sola que nunca y más decidida a que aquello era el final del camino. Miro al cielo y cerró los ojos con fuerza sabiendo que no habia marcha atras y que aquello era imparable. Llegó al puerto y miró hacia a la montaña. Subió, al principio con desgana pero poco a poco con mas prisa. Aquella carga era demasiada en su fragil cuerpo. No podia más. Cuando llego a la cima, miro hacia el horizonte. El aire era fresco y el silencio impasible. Con el corazón en un puño se fue acercando al borde hasta que las puntas de los zapatos ya no pisaban el suelo. Miró hacia abajo, donde las olas rompian duramente con las rocas. Ese era mi destino final. Cerró los ojos y quiso dar un adios a sus recuerdos. A sus padres, sus hermanos, su amante, su hijo. Y paró en ese recuerdo. En cuando vió la cara de su hijo por primera vez. En esa ternura infinita y en ese amor tan grande que sintió de repente. Y como le cogia las manitas mientras le cantaba una canción. Y se dejo caer y se fué. Sintió un dolor tremendo en todo el cuerpo. Y abrio los ojos. Vió el mar tan cerca......

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