domingo, 28 de abril de 2013

Oscuridad

La calle estaba vacía. Solo se oían sus pasos rápidos chapoteando con las gotas de agua del suelo. Sus manos estaban resguardadas en los bolsillos de su abrigo y su cabeza no paraba de pensar. Estaba harta de sentirse culpable de una situación que le hacia ser feliz. De una situación que la estaba sacando de un pozo oscuro donde hacia tiempo que se estaba ahogando, y lo malo es que aunque estaba pidiendo la mano a todos, nadie se la tendía. La miraban ahogarse poco a poco y complacidos, miraban pensando "Si. Ahogate. Nosotros ya lo hicimos hace tiempo. Ahora te toca a ti" y ella los miraba con ojos abiertos, no entendiendo el juego sucio de la vida.

Nadie le había explicado que llega un momento en la vida en que te ahogas. Y quizá la gente piense que  estas exagerando por que desde fuera el sol siempre brilla más fuerte y los problemas se ven mas livianos, pero ella no podía aguantar mas. No podía soportar que aunque estaba gritando la gente no se giraba y que cuando lo hacían y la veían agonizando, se giraban con una mueca diciendo que no era para tanto. Y ella se quedaba allí, de pie, sola, vacía, defraudada, sin creerse que esa era la vida que tenia que vivir para siempre.

Cuando más se hundía, casi a punto de ahogarse del todo y cerrar sus ojos a su muerte, de repente, una mano salió desde ninguna parte. Cuando se agarró a ella, vio que era una cara desconocida. Era una cara amable, honesta, que por fin la veía con ojos reales, que la miraban preguntándose por que se estaba ahogando, por que estaba sola en ese pozo oscuro. Ella no lo conocía, pero sus ojos vieron en los de él un oasis perdido, una paz que anhelaba desde hacia tiempo.

Él la cogió de la mano y la abrazo, de una manera que ya había olvidado. Mientras lo hacían, la gente les miraba y sus ojos veían con suciedad lo que era un acto heroico. Veían que ella era una cobarde por no haberse quedado en el pozo y haber sido una martir, como todos ellos. Sus caras grises miraban mal este acto de valentía, por que a ellos no había venido nadie a salvarlos. Lo que ellos no sabían es que si él la había salvado, él tendría que unirse con ella en el pozo y hundirlos a los dos juntos.

Ella volvía a respirar en sus brazos y él se sentía tan necesitado que no podía dejar de abrazarla. Su voz era música celestial para sus oídos. Ella le pedía que no le dejara nunca, que no dejara de abrazarla. Sin él volvería al pozo donde la había encontrado, pero esta vez su caída seria tan fuerte que no volvería a salir más. Él le prometía que no lo haría, pero los ojos de la gente le miraban tan fuerte que le hacían daño. Sabia que no podía dejarla morir, pero si no lo hacia, le iban a matar a él también.

Mientras seguía caminando, pensaba en él y su cara se iluminaba. "Me ha dicho que esta noche vendrá a buscarme. Que prepare todo que nos vamos. Me da igual todo. Solo sé que soy feliz. Que si estoy sin él no puedo vivir" Llegando a casa, recibió un mensaje al móvil. "No puedo ir. He estado pensando que esto no es tan buena idea. Tu lo sabes también. Creo que es mejor que dejemos de vernos por un tiempo. Lo siento". El móvil se le resbalo de sus manos. Sus ojos se quedaron en blanco, su cuerpo se debilitó tanto que cayó de rodillas al suelo. Poco a poco, su cuerpo empezó a caer en ese pozo, y aunque decía su nombre y se intentaba agarrar a las paredes, poco a poco la luz de sus ojos se fue yendo, hasta que la oscuridad fue total.




Rauelsson - Fluvial from sonic pieces on Vimeo.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Tango

El día era gris y el olor húmedo del mar se metía en todos los poros del cuerpo. Las gaviotas, enfadadas, pedían la exclusividad de su territorio desde el cielo. La soledad del mar es inmensa, ofreciendo su compás a ritmo de tango, para que se baile agarrado de su espuma. Sin violencia, sin querer estar por encima. No, eso no le gusta al mar. Le gusta que se disfrute, que te dejes acariciar. Solo cuando quieres tú estar por encima, el mar se rebela y te arrastra.

Se encontraron hace tantos años que no se acordaba hacia cuanto. Sus primer baile fue un tango. Un baile lleno de pasión, donde los músicos con los ojos cerrados interpretaban un pieza lenta, llena de sentimiento. Él la cogió de la cintura y sin parar de mirarla a los ojos, la arrastraba de una parte a otra de la sala, con tal dominio que ella, sin saber donde poner los pies no se choco nunca con los suyos. Sus caras estuvieron tan cerca que sus alientos eran uno. Aquella noche no existía el tiempo, el lugar ni la razón. Solo el ritmo de la música confundiendose con los latidos de sus corazones.

Mientras lanzaba una piedra al mar, sus pensamientos volvían a ese olor a algas marinas, a sal. Ese olor que le traía a la mente el olor de él. Cuantos tangos bailaron más después de aquel primero, todos con la misma pasión. Aquello se convirtió en su forma particular de seducción. Cuantas veces habían ido, después de bailar a aquella playa, cerca del mismo punto donde se encontraba hoy ella. Aquí habían seguido bailando, a la luz de la luna. Un baile distinto, pero al fin y al cabo otro baile.

Se había girado el viento y le entro un escalofrío. Escalofrío de tanto recuerdo, de darse cuenta que aquellos momentos no se volverían a repetir. Aquel amor de juventud era especial por la frescura, por las sensaciones primeras, por la inconsciencia de no tener nada que perder, por pensar que va a durar siempre, por el amor sin interés, blanco, puro, donde la expresión "hacer el amor" es real.

Dio un respiro hondo y cerro los ojos. A pesar de sentirse tan sola como su amada playa, daba las gracias por todo lo que había vivido. Daba gracias por aquellos tangos bailados con el corazón, por aquel amor vivido en su juventud. Se toco la cara y no se reconocía las arrugas. Desde hacia unos años no se reconocía en esa mujer mayor que se miraba al espejo. No le gustaba mirarse al espejo ni hacerse fotos. Ella quería seguir manteniendo intacta la memoria de su aspecto real, el de su alma.

Un coche aparcado tenia de música de fondo al maestro Astor Piazzola y sus ojos se cerraron para hacer el recuerdo más real. Se puso su mano izquierda en la cintura y levanto su mano derecha a un hombro fantasma. Ese fantasma del recuerdo que todavía vivía en su mente. Tarareando la canción en voz baja sus piernas se movieron al compás. El dueño del coche, que lo estaba limpiando, paró para observar a la mujer bailando sola. Su camisa bailaba con el viento y su cara esbozaba una sonrisa. Una imagen tan bella que no podía parar de observarla.

 

lunes, 18 de marzo de 2013

Si o no

Las puertas se abrían dejando a la luz entrar de lleno. Esta era muy clara y fuerte llenando la habitación de calor. Sus ojos no podían mirar de tanto resplandor. De repente se despertó. La ventana estaba cerrada. Por un momento se quedo bloqueada. ¿Por que había visto la luz en sus ojos si la habitación estaba en penumbra? Se levanto con esta sensación extraña de haber perdido el norte. Miró la habitación como si no fuera suya y se vistió.  De repente se fijo en un trozo de papel que había en la mesilla de noche. En él ponía "¿Todavia me quieres?".

Se quedo mirando el papel en silencio. ¿Era una pregunta cerrada o abierta? ¿Todavia se podía querer o ya no se podía seguir queriendo? ¿Por que la gente pregunta lo que intuye? ¿Por que piensa que la realidad del sonido o de la imagen es más cierta que la intuición de la entraña visceral? Esa entraña que nace con nosotros y que se forma y deforma con la edad.

El amor es como ese anuncio de Cucal, donde decía "la cucarachas nacen, crecen, se multiplican y con cucal mueren". Pues eso, pero en vez de Cucal, aquí utilizamos la rutina, la desidia, el no apostar, el no querer seguir luchando más. Ella miró el papel con cara de Cucal. A ella las cucarachas ya no le aparecian por ningun sitio desde hacia tiempo.

Se dirigió a la cocina y puso la cafetera al fuego. No quería pensar más. Era demasiado pronto para agobiarse. El teléfono sonó. "Hola......si, acabo de levantarme.........no, no he visto ninguna nota. Me he levantado rápido para ir al baño.......espera, te llamo luego. Llaman a la puerta". Colgó el teléfono y se encendió un cigarrillo. El humo salia de la boca muy despacio al mismo tiempo que la cafetera empezaba a silbar.

Andando por la calle, miraba los escaparates. Todavía no lo había llamado, pero no le apetecía. No se sentía culpable. Solo necesitaba tiempo para pensar. Pensar sin pensar, dejar que todo fluyese y que la vida le diera una respuesta a su gran pregunta "¿Todavia le quiero?". Pasó por una floristeria y al ver las margaritas, desojo una mentalmente. "Le quiero, no le quiero, le quiero, no le quiero, le quiero, no le quiero, le quiero, ¿le quiero?¿Le quiero?......"¿Por que le parecía tan difícil contestar?

Cuando llego a casa, él estaba en la cocina. Estaba cocinando uno de sus platos especiales. Cocinaba con muchas especias y olia muy fuerte. Una bocanada de sol, de pimienta, de sudor se asentó en su estomago y le dieron ganas de vomitar. Se dirigió rápido al cuarto de baño. "¿Estas bien?" le dijo él cogiéndole la cabeza, mientras ella con espasmos se cogía a la tapa del vater. "¿Te encuentras bien?" "No, no me encuentro muy bien. Es como si me faltase el aire. ¿Puedes abrir la ventana?" Mientras él salia de la habitación, ella se miró en el espejo del cuarto de baño y al mirarse a los ojos, ellos le dieron la respuesta. "Pues va a ser que no".

lunes, 4 de marzo de 2013

Sin retorno

Desde la ventana ve caer las gotas de lluvia en el cristal. Su mirada esta ausente, mirando para adentro, en sus ideas, sus sueños. Su cabeza, como a menudo, muy dispersa e intentando hacer coincidir su realidad con ese mundo paralelo que es su realidad virtual. Una realidad que solo existe dentro de su cabeza.

Un mundo imaginario demasiado sensible para un mundo tan rudo como el de hoy en día. Se deja balancear por sus pensamientos mientras su mirada incierta se tropieza con la gente que pasa ajena a su mundo. Gente con sus propios problemas y su propia vida, pero como si en el fondo todos tuvieran esa mirada perdida de vivir una vida que no les corresponde.

Mientras coge un papel y garabatea unos dibujos sin sentido, su cabeza solo hace que pensar. No sabe muy bien como ha llegado hasta aquí, pero lo malo es que no hay vuelta atrás. Es un punto sin retorno y ella sabe que eso no es verdad. Siempre se pueden despasar los pasos hechos. Lo malo es que es cabalgando sobre personas y rompiendolos. Eso ya le ha pasado muchas veces y aunque parece que sale de rositas de toda esta batalla, siempre el dolor vuelve a pegarle al corazón. Tan fuerte, que luego tarda mucho en recobrar la rutina y se queda muy débil.

Su cabeza lleva una corona muy pesada de reina de corazones. De destrozar vidas allá donde se posa. De siempre dar patadas allá donde va. Pero solo es para hacerse paso cuando todas las cuerdas le ahogan. Ella solo quiere libertad para poder hacer lo que ella quiera y claro, eso la gente no lo entiende.  La gente piensa que cuando uno es mayor tiene obligaciones. Uno ya no puede hacer lo que quiere. Se debe a unas pautas, a unos condicionantes.

Mentira. Eso es todo mentira. excusas de mentes débiles que les da miedo reaccionar. Mentes que tienen miedo a mover ficha por el que dirán, por no poder volver hacia atrás si todo sale mal. Pero cuando lo que tienes que ganar es tan bueno, que mas da lo que pierdas si ganas el doble.

Ella llegó a casa, hizo la maleta y cuando él volvió a casa, miró la maleta, la miró a ella y se quedo mudo. "Me voy. Me ahogo aquí. Ya lo sabes. Te he dicho muchas veces que no era feliz"  Él la miro sin mirarla. Era algo que ya se había repetido en su mente varias veces. Ella se lo había repetido varias veces, pero nunca pensó que lo pudiera hacer de verdad. Ella, con los ojos llenos de lágrimas le miro a los ojos, esperando una palabra que le hiciera cambiar de idea, que le hiciera pensar que estaba equivocada, pero esa palabra nunca salió de sus labios. "¿Quieres que te llame a un taxi?" le dijo él cogiéndole las bolsas.

Después de cargar las bolsas en el taxi, se abrazaron los dos y ella susurro "lo siento" en su oído. Ella se subió a la parte trasera del coche y él espero a que el coche desapareciera. Su cara estaba triste y ella no pudo evitar las lágrimas por aquella historia rota. Una historia más que no había podido atar a aquel corazón salvaje suyo. Un corazón que echaba de menos correr libre en cuanto se sentía atrapado. Mientras pensaba en su próximo destino no podía para de llorar. Llorar por la historia perdida, y por esa maldición de querer ser libre de espíritu y de corazón.

sábado, 2 de febrero de 2013

Futuro incierto

Mientras la gente va cogiendo los abrigos y van cerrando las luces de sus despachos, ella se queda rezagada con la cara en la pantalla. Una pantalla que le ha dado mas que un quebradero de cabeza en muchisimas situaciones difíciles. Una oficina que le ha dado mas enemigos que amigos, pero que esos poco elegidos no los cambiaria por nada en el mundo. Un espacio que se ha comido años de su vida. Se comió los primeros pasos de su hijo, la simpatía y conexión con su marido hasta hacerlos dos desconocidos que vivían juntos, la juventud de una piel dando paso a cabellos plateados y bolsas en los ojos. Y a pesar de todo, iba a echar mucho de menos llegar aquí todas las mañanas y cambiar su rutina diaria.

A partir de mañana ya no tenia que volver allí. La empresa rescindía de ella y de 100 compañeros mas alrededor de toda España. Las cosas están mal y tienen que cerrar oficinas. No solamente es ella. Lo típico de mal de muchos, consuelo de tontos, pero a ella, a los 55 años, hacerle esto era en letras grandes toda una putada. Ya no tenia la mentalidad de joven, de pensar que la vida era mas que trabajar. Para ella ir a trabajar era su modo de vida y no quería ni pensar en que iba a pasar a partir de mañana.

 Mientras sus compañeros iban saliendo de la oficina ella no podía levantarse de su silla. Miraba toda la oficina cuidadosamente. No quería dejar ni un detalle sin grabar en el disco duro de su memoria. "¿Ese cuadro es nuevo? Nunca me había fijado en él". De lejos, ya en la puerta, una de sus compañeras, una de esas que se había convertido en su mejor amiga, le miraba en silencio. La miraba haciendo la misma función, intentando recordar cuando fue la primera vez que la vio entrar en aquella oficina. Como le caía de mal en un principio y como cambio su mentalidad a raíz de que ella le ayudara en aquel lio con el jefe. Tenia mucho carácter pero un corazón como un elefante de grande. Sin darse cuenta, las lágrimas le cayeron por las mejillas.

Ella cogió la bolsa que había preparado con todas sus cosas, fotos, libretas, bolis, agendas...las flores que les habían regalado sus compañeros hoy por ser su último día. Había sido un día cargado de emociones y ahora no sabia como dar un carpetazo final a este episodio. Un episodio que se cerraba en contra de su voluntad, pero en el que ella no podía hacer nada. Cogió su abrigo, sus cosas y apago el ordenador. Al ver a su amiga en la puerta con su cara triste, se vio en la obligación de animarle "Venga Rosa, no seas tonta. Si nos vamos a ver más ahora que antes. Con la de tiempo libre que voy a tener a partir de ahora" y la cogió y la abrazo muy fuerte. Ellas sabían que la conexión que tenían ahora la iban a ir perdiendo poco a poco. Que ya nada iba a ser lo mismo, pero las dos se mintieron para poder seguir adelante "Ya te vale, ya. Menuda envidia me das. La de tiempo que vas a tener para por fin poder hacer lo que quieras. Yo el lunes de vuelta a este rollo".

Ya en la calle, comenzó a caminar. Era una mujer libre. Lo que había dicho su amiga era verdad. Por fin podía hacer lo que quería..........¿y que es lo que quería?....bueno, ya lo pensaría. Ahora tenia mucho tiempo para pensar. Y mientras caminaba por la calle miraba todo a su alrededor. Caras que le miraban como diciéndole"Yo estoy en tu misma situación. Soy libre también. ¿Ves lo contento que estoy? ¿Puedes palpar la felicidad de toda la población que ahora puede por fin hacer lo que quiere?" Sus ojos llenos de lágrimas se quedaron sin imagen.

 

jueves, 10 de enero de 2013

Salto a la oscuridad

La habitación estaba a oscuras pues le gustaba dormir sin nada de luz en la habitación. Marta miro el reloj de la mesilla y eran las 10 de la mañana. Otra vez se había vuelto a dormir. Desde la cama oía los mismos gritos de siempre. Su padre gritando a su madre, preguntandole donde se había gastado todo el dinero de la comida. Su madre no solía gritar. Ella dejaba que su marido le gritase, mirándole con asco, esperando a que terminara de desahogarse. A su padre esa mirada le irritaba más que si le estuviera gritando.

"Podéis callaros de una vez. Estoy harta de tanto ruido ya de mañana, joder" grito Marta dando un portazo al entrar en el baño. El padre se dirigió hacia ella abriendo la puerta con un golpe "¿Y tu? ¿Pasando de ir a clase? Otra puta vaga en esta casa. Aquí solo nos hace falta eso. Ya te estas buscando trabajo, que aquí se acabo el cuento" Marta se levanto del vater y cerro con otro portazo "Me voy a pirar de esta casa de locos pero ya. Estáis todos como una puta cabra"

Entro en la cocina preparada para marcharse. Allí estaba la madre, sentada, sujetando un cigarrillo en una mano y  una lata de cerveza en la otra. Los dedos que sujetaban el cigarrillo estaban amarillentos y las uñas estaban sucias. "Joder mama, quitate las manchas de los dedos. Menuda pinta" Iba a seguir, pero cuando su madre le miro se calló. Sus ojos estaban perdidos y suplicaban que ella no se uniera a su padre en las criticas. Cogió el bolso y abrió la puerta "Vengo en un rato"

Bajando las escaleras se puso los auriculares con la música a todo volumen. Su vida era una mierda, una pesadilla de la que no lograba despertarse. Al llegar al instituto se vio con sus amigas "Menuda cara Marta. ¿Que pasa?" Marta le cogió el porro de la mano a su amiga y le pego una calada "La misma mierda de siempre. Estoy hasta los cojones de todo. ¿Tienes algo?". La amiga negó con la cabeza "La cosa esta chunga. No hay pasta. Miraré si puedo sacar algo a Pedro para mañana viernes y nos vamos a Industrial" Los ojos de Marta se encendieron. "Si. Necesito fiesta para desconectar de todo"

Al llegar a casa no había nadie. Otra vez se tenia que hacer la comida. Abrió la nevera y no había mucha cosa. Miro en la despensa y se saco una lata de atún. Cogió un tenedor y empezó a comerse la lata rebañando el aceite con los dedos. Su padre pego un portazo al llegar a casa. Entro en la cocina y miro a Marta "¿Que haces?" "Aquí comiendo algo. No hay nada en casa para comer. Esto es una mierda de casa". El padre la miro con rabia. Olia a alcohol y Marta sabia que cuando bebía se transformaba. "Pues si esto te parece una mierda te coges la maleta y te marchas. Y a mi no me hables así que soy tu padre ¿Vale?" Y cogiéndole del pelo la tiro al suelo. Marta le empezó a gritar "Dejame. No me toques, borracho de mierda" El padre mientras ella le gritaba le pegaba patadas en la espalda.

Todo estaba en silencio. Solo se oía a Marta sollozando. El padre hacia un rato que había terminado de azotar a la hija y se había marchado de un portazo. Marta lloraba de impotencia por una vida que ella no había buscado, pero que le estaba hundiendo cada vez mas. Se levanto y se fue al baño a lavarse. Se miro y tenia moratones por todo el cuerpo "Que cabrón. Menuda paliza me ha dado" Mientras decía esto las lágrimas le caían por la cara. Cogió la bolsa de su cuarto y puso un poco de ropa en ella. Cogió la chaqueta, el bolso y bajo corriendo las escaleras. Una vez en la calle empezó a caminar rápido, cada vez más rápido hasta que empezó a correr. No sabia hacia donde se dirigía pero seguía corriendo. Llego a la estación del tren y entro. "Me voy de aquí. No quiero saber nada más de esta ciudad de mierda"

Cuando llego a la taquilla abrió la cartera y se dio cuenta que no tenia más que 8 euros. Con esto no podía hacer nada. Tenia que conseguir dinero como fuera. Llamo a sus amigas. Todas ellas le daban excusas para que no se fuera a ningún sitio, que no hiciera locuras. Ella se quería marchar ya. No podía aguantar más. Nadie le hacia caso. Se puso a pedir dinero a la gente que estaba en la estación, pero la gente la miraba mal y se iban por otro lado esquivandola. Ella se sentó en uno de los bancos de la estación llena de rabia y con lágrimas en los ojos. ¿Por que le obligaba la vida y la sociedad a vivir una vida de mierda? Por que no podía tener ella una vida normal como el resto de la gente?

El tren se acercaba y ella todavía no tenia el dinero para poder marcharse. No, esta vez no iba a ser a así. El destino no se iba a reír de ella otra vez. Esta vez ella se iba si o si. Se levanto del banco, cogió su bolso y miro como se acercaba el tren. Ella siguió andando, mirando al frente, viendo a la gente que estaba en el anden contrario, gente normal, con vidas normales, lo único que ella quería. Una vida normal y aburrida donde su única preocupación fuera si le llamaba el chico que le gustaba o que ponerse para ir a la discoteca. Su vida era un fracaso, un error desde el principio. Ella siguió andando hacia las vías y con el paso del tren los gritos y alaridos de la gente de la estación fueron en aumento.
El game over de su vida había dejado de aparecer en la pantalla.


sábado, 29 de diciembre de 2012

De conveniencia

Mientras se estaba arreglando, se miraba al espejo sin creerse que esto le estaba pasando. Era su gran dia, el dia que siempre le habían dicho que iba a ser el mas especial de su vida.....y allí estaba, sin creerselo. No por lo especial, sino por que no lo parecía realmente. Era como otro día. Bueno, algo especial era. Rompía todos los esquemas de lo correcto, de sus creencias, de lo bueno y lo malo, de lo establecido.

Todo empezó a cambiar hace 2 años. Después de la guerra, la gente paseaba con esa cara de derrota y esa rabia de desear la muerte a uno mismo y al prójimo. Adela era joven y a pesar de haber vivido la tristeza de la guerra, todavía tenia esa ilusión de la juventud, de que todo va a cambiar a mejor, de luchar por un futuro. Allí estaba, embarazada de un amor fortuito, de un amor de paso, violento y sin pensar. Sin estar casada, aquello era un deshonor, una vergüenza para una familia humilde y sin más posesiones que el honor.

Llevada una mañana al convento con las especificaciones concretas de que aquello era producto del pecado y tenia que ser despojado como tal. Una vez habiendose producido el alumbramiento, ese niño debía llevarse a satisfacer a alguna familia cristiana para que se restableciera el orden de lo impuro con lo puro, lo maligno por lo sagrado. Adela lo sabia. Entendía que había jugado mal sus cartas y este era el precio que tenia que pagar. Pero todo eso no le hacia que le gustara la idea de dejar de ser madre en el momento de serlo.

Después de varios meses en el convento, aquella mañana el padre de Adela le estaba esperando en la puerta. Ella salia con una cara diferente. La alegría de su mirada se había perdido. Su gesto era duro y triste. Su cuerpo grande y deformado por la maternidad no tenia su premio. Sus brazos estaban vacíos. Su mente estaba ausente. Su padre le miro e ignorando al fantasma que llevaba a su lado, suspiro tranquilo. Su conciencia y su orgullo estaban tan limpios como la atmósfera de la mañana.

"Lo mejor para ti es que te cases pronto" Le dijo su madre al llegar a casa. "El hijo de la Eugenia esta soltero y no se le conoce novia desde hace mucho tiempo. la madre esta desesperada. Puede ser un matrimonio caído del cielo" Adela sabia que Esteban era un poco raro. Nunca se le había conocido novia. A ella le daba igual. Ella no quería saber nada mas de hombres. Le habían arrebatado un hijo, y el amor con él. Ya no quería querer ni ser querida nunca más. No se creía con ese derecho de ser feliz. Su hijo se había llevado todo su amor y felicidad con él.

Allí estaba, en el día de su boda. Sus padres contentos. Los padres de su futuro marido más contentos todavia. Después de la ceremonia se subieron al coche. Ella nunca había hablado con él. De repente se giro hacia ella y le dijo "Se de tu entrada al convento y de tu hijo fuera del matrimonio. No te preocupes. No te repudio, pero quiero que sepas que yo también traigo alguna sorpresa a este matrimonio. Veras......me gustan los hombres. Tengo un novio al que quiero mucho, pero mis padres no lo han aceptado nunca. Se que nuestro matrimonio no es por amor, por eso te lo digo" Adela le cogió de la mano "No te preocupes Esteban. A mi no me gustan los hombres". Se miraron a los ojos y sonrieron. Quizá esta boda no ha sido tan mala idea.