La tarde parecía lluviosa. Era el tiempo ideal para su permanente estado de animo. Se fue hacia el comedor y se dispuso a sacar un disco del mueble. Aunque la gente le decía que era un antiguo, sentía placer sintiéndose de una clase distinta a los demás. Digamos, pertenecer a una pequeña elite que todavía gusta de comprar vinilos y escuchar reliquias en un buen tocadisco. Saco unos cuantos y se sentó en el sofá, investigando cual de ellos iba a ser el afortunado que iba a salir de la funda.
De repente un álbum le llamo la atención. El disco era de la banda Kraftwerk "the Man-Machine". Se acordó de la canción "The model" y de sus años de Erasmus en Alemania. De como se compro el disco muchos años mas tarde y de como presumió de tenerlo en alemán (Die Mensch-Maschine) cuando volvió a Madrid. También recordó como lo dejo a una ex que se las daba de saber mucha música y que nunca se lo devolvió. Odiaba cuando eso pasaba. Las mujeres iban y venían pero no los discos con solera.
Bueno, lo de las mujeres que iban y venían tampoco era tan cierto. Si que hubo una temporada que había sido muy ligón, pero ahora ligaba más por internet que otra cosa. Menos mal que la música siempre le traía recuerdos de mejores tiempos. Saco el disco de la funda muy despacio. Para él, aquello era un ritual mágico, tal como desnudar a una mujer....había que saborear cada momento. Miro en que cara estaba la canción de "The Model" y la puso con mucho cuidado en el plato. Contó los cortes del disco hasta dar con la canción, bajo el brazo del tocadiscos y se empezaron a oír los primeros acordes de los sintetizadores.
Con la funda en la mano, se volvió a sentar, recordando la peculiar historia de este disco. Debido a la ex que le "robo" el vinilo alemán, un día celebrando una reunión con los erasmus madrileños que fueron a Alemania con él, se le ocurrió volver a comprarse uno. Tuvo que recorrer algunas tiendas para encontrarlo pues no quería cd, si no otro vinilo y a poder ser en alemán, hasta que llego a una tienda recóndita en un callejón donde parecían tener bastante discos de coleccionista. Normalmente estas tiendas suelen estar llenas de freaks a los que les gusta mucho la música y que tienden a presumir de conocimientos musicales delante de un pedante dependiente que sabe tanto o más y no duda en hacerlo saber. Cual fue su sorpresa de ver a una mujer de unos 30, bastante mona y con una sonrisa en la cara.
"¿Tienes el álbum de Kraftwerk de "Die Mensch-Maschine?" le pregunto nuestro protagonista, con un perfecto acento alemán (y sorprendiéndose de lo bien que le había salido). La chica le miro con los ojos bien abiertos y le dijo "Perdona, en alemán no lo tengo. Pero lo tengo en inglés si quieres. Me encanta Kraftwerk". Él se le quedo mirando, sin creer lo que estaba oyendo. Por fin, su amor a la música, al vinilo y al alemán habían sido recompensados. Ella se acerco a una pila de discos que había en el suelo y después de unos minutos se acerco a él con el disco y una gran sonrisa. "¿Algo más?. Tenemos también cosas de Ultravox o OMD si te gusta este tipo de música" Él la miro atontado y no sabia como reaccionar. "Esta noche hacemos una fiesta alemana con unos amigos en un piso por el centro. Si te apetece" "Suena muy bien" dijo ella. "Dame tu teléfono y cuando salga de la tienda te llamo"
Él le dio su numero y se fue a casa a ducharse y a esperar la llamada. Aun recuerda la excitación de pensar en presentarse a la fiesta con semejante pibón y con el disco. Sus amigos iban a flipar.
Después de varias horas y descolgar el teléfono varias veces para ver si funcionaba, decidió marcharse y no llegar tarde. Ya en la fiesta solo hacia que pensar que habría pasado y cada vez que miraba el disco pensaba en ella. Al día siguiente se fue a la tienda para ver que había pasado. Allí estaba ella. Esta vez no estaba muy contenta. "Hola. ¿Como fue la fiesta?". Él la miro boquiabierto. "Muy bien. Tenias que haber venido. Fue muy divertida" "Hubiera ido, pero no cogías el teléfono" "¿Como? Estuve en casa hasta las 10.30 y no llamó nadie" "Te estuve llamando al numero que me diste". Ella le dió el papel donde él apunto su numero y se dio cuenta que se había equivocado en un numero. Le dio tanta vergüenza que no quiso admitirlo y le dijo que lo sentia, pero que no habia podido pasar por casa. Ella se giro haciendo como que ordenaba la estantería y él salió de la tienda.
Mi historias tienen banda sonora, asi que recuerda: antes de empezar a leer, da al play del video.
sábado, 22 de junio de 2013
martes, 11 de junio de 2013
Verdad a medias
Al llegar a casa, sigilosamente, se metió en el cuarto de baño. Él la esperaba despierto en la cama, pero en cuanto ella entró en la habitación se hizo el dormido. Ella se metió en la cama rápidamente y después de ver que él estaba roncando, se giro hacia su lado de la cama y se quedo mirando fijamente hacia la ventana. Su corazón latía muy deprisa y ella intentaba acallarlo respirando lentamente.
Su vida había cambiado tanto desde hacia unos meses que no parecía la misma. Su vitalidad, su belleza, su seguridad.....todo había vuelto por arte de magia. Sabia que todos estos cambios jugaban en su contra. Era demasiado obvio que toda esta felicidad salia de algún sitio, pero a ella ya le daba igual. Ella era feliz.
Habían quedado en la cafetería donde solían quedar a tomar café. Estaba en una parte apartada de la ciudad. Allí nadie les conocía y podían dar rienda suelta a miradas complices, roces de manos y silencios sonrientes. La mano de él le dio un papel garabateado con unos dibujos. Ella al abrir el papel se sonrojo y tapándose la boca soltó una carcajada. Los dos rieron un rato y ella mirándose el reloj le dijo que pidiera la cuenta y asi iba al lavabo. Mientras se retocaba el pelo y se pintaba los labios, se atusaba la falda y la blusa para que todo estuviera en su lugar. Al salir una mano le cogió por sorpresa y le empujo al rincón. Se fundieron en un beso mientras él le manoseaba en estos breves minutos de clandestinidad.
Primero salió ella de la cafeteria. Luego él espero un rato, sorbiendo las últimas gotas del café. Miró su reloj. Cuando le vio entrar por la puerta le señalo para que se dirigiera hacia él.
"¿Me pones un café cuando puedas?. Hola Luis. ¿Como va?". Él se sentó en la silla que había dejado vacía ella. "¿Has traído el dinero?"pregunto Luis. "Si. ¿como va el asunto?" Luis se quedo en silencio. "No quiero seguir haciendo esto" "¿Que dices Luis? Ahora no podemos parar. Ya te dije que esto podía tener sus riesgos" "Estas loco. ¿Como puedes pagarme por estar con tu mujer?. No quiero ser participe de esto. Ella vale mucho. Me voy. Ni tu ni ella volveréis a saber de mi."
Él vio salir a Luis y se quedo en silencio. Allí se iba el final de su historia, de su maléfico plan. El plan que salió como una posible solución a su problema. El problema del hastio, de la pasividad de su mujer hacia él. Sabia que si le devolvía la ilusión, ella volvería a estar viva. La prefería así compartida, que muerta para él solo. Sabia que si él decía quien y cuando, en cierta forma estaba manejando la situación. Lo que no había pensado es que él se enamoraría de ella y que el plan se iría al traste.
Mientras volvía a casa, allí estaba su mujer, preparando la comida. Ella estaba tarareando una melodía mientras iba lavando los platos. Al verlo se giró y le dio un beso. "¿Quieres ver el vestido que me he comprado esta mañana?" Él asintió con la cabeza. Mientras ella se iba contenta a la habitación, él se quedo triste.
Su vida había cambiado tanto desde hacia unos meses que no parecía la misma. Su vitalidad, su belleza, su seguridad.....todo había vuelto por arte de magia. Sabia que todos estos cambios jugaban en su contra. Era demasiado obvio que toda esta felicidad salia de algún sitio, pero a ella ya le daba igual. Ella era feliz.
Habían quedado en la cafetería donde solían quedar a tomar café. Estaba en una parte apartada de la ciudad. Allí nadie les conocía y podían dar rienda suelta a miradas complices, roces de manos y silencios sonrientes. La mano de él le dio un papel garabateado con unos dibujos. Ella al abrir el papel se sonrojo y tapándose la boca soltó una carcajada. Los dos rieron un rato y ella mirándose el reloj le dijo que pidiera la cuenta y asi iba al lavabo. Mientras se retocaba el pelo y se pintaba los labios, se atusaba la falda y la blusa para que todo estuviera en su lugar. Al salir una mano le cogió por sorpresa y le empujo al rincón. Se fundieron en un beso mientras él le manoseaba en estos breves minutos de clandestinidad.
Primero salió ella de la cafeteria. Luego él espero un rato, sorbiendo las últimas gotas del café. Miró su reloj. Cuando le vio entrar por la puerta le señalo para que se dirigiera hacia él.
"¿Me pones un café cuando puedas?. Hola Luis. ¿Como va?". Él se sentó en la silla que había dejado vacía ella. "¿Has traído el dinero?"pregunto Luis. "Si. ¿como va el asunto?" Luis se quedo en silencio. "No quiero seguir haciendo esto" "¿Que dices Luis? Ahora no podemos parar. Ya te dije que esto podía tener sus riesgos" "Estas loco. ¿Como puedes pagarme por estar con tu mujer?. No quiero ser participe de esto. Ella vale mucho. Me voy. Ni tu ni ella volveréis a saber de mi."
Él vio salir a Luis y se quedo en silencio. Allí se iba el final de su historia, de su maléfico plan. El plan que salió como una posible solución a su problema. El problema del hastio, de la pasividad de su mujer hacia él. Sabia que si le devolvía la ilusión, ella volvería a estar viva. La prefería así compartida, que muerta para él solo. Sabia que si él decía quien y cuando, en cierta forma estaba manejando la situación. Lo que no había pensado es que él se enamoraría de ella y que el plan se iría al traste.
Mientras volvía a casa, allí estaba su mujer, preparando la comida. Ella estaba tarareando una melodía mientras iba lavando los platos. Al verlo se giró y le dio un beso. "¿Quieres ver el vestido que me he comprado esta mañana?" Él asintió con la cabeza. Mientras ella se iba contenta a la habitación, él se quedo triste.
jueves, 6 de junio de 2013
Una irrealidad real
Frágiles. Frágiles de pensamiento, de existencia, de vida. A un homo-erectus "por que yo puedo" se le ha mutado una nueva especie. El homo-fragilius "¿Y ahora que hago?". Una especie que parece que va en vías de extinción por culpa de su fragilidad y poca resistencia al medio. Y si parece que la anterior especie era mas depredadora y dejo exterminada a otras especies en desigualdad, esta especie frágil de naturaleza, no ve posible el superar los obstáculos de la madre naturaleza.
Se están intentando poner varias soluciones a este problema. Científicos con batas blancas, están desde hace meses metidos en sus laboratorios, intentando buscar una solución. Tienen miedo que toda una especie entera se desplome de la cadena de un plumazo y no saben que hacer.
Han descubierto los orígenes de la fragilización de esta especie. Le han llamado el sindrome de la especie burbuja. A grandes rasgos nos cuenta uno de los científicos más notables "... es una especie con claros matices destructivos, donde impera el miedo, la falta de motivación, la espera a la solución ajena de los problemas propios y la perdida de ilusión. Sin todas estas claves esta especie se autodestruira poco a poco, solo sobreviviendo los que cambien su ideología. Pero claro, ya no serán parte del homo-fragilius per se. Serian una nueva especie a la que todavía no nos hemos atrevido a poner nombre.....bueno, estamos barajando varias probabilidades, pero todavía no podemos dar nombres exactos. Perdonen pero tengo que volver a mi laboratorio".
Con todo esto, me llaman al móvil "Enciende la tele. Pon el telediario". En imagenes poco claras se ve un grupo de gente con parcantas. Es el movimiento de "salvación", donde proponen salvar a la especie fletando un barco y marchándose todos a las isla Rotoroa, una isla cercana a Nueva Zelanda, donde antiguamente fue comprada por el ejercito de Salvación para gente con problemas de alcohol y drogas. Muchos de ellos padecen estos problemas, así que han pensado que para sobrevivir a estos tiempos, lo mejor es marcharse a un terreno menos hostil y empezar de nuevo.
No me parecía una mala idea lo de marcharse a una isla deshabitada y empezar de nuevo. ¿Se quitarían por fin los miedos o crearian nuevos? ¿Se sentirían motivados a crear una nueva civilización o se cansarían al primer obstáculo? Todo esto esta por ver. También tengo que interiorizar dentro de mi y saber que especie soy. ¿Soy de los homo-erectus "por que puedo", de los homo-fragilius o de la nueva especie que esta saliendo y de la cual no hay nombre todavía?¿Puedo elegir de que especie quiero ser o ya me viene de fabrica? El futuro cercano nos ira trayendo respuesta a todo esto. Permanezcan concectados
Se están intentando poner varias soluciones a este problema. Científicos con batas blancas, están desde hace meses metidos en sus laboratorios, intentando buscar una solución. Tienen miedo que toda una especie entera se desplome de la cadena de un plumazo y no saben que hacer.
Han descubierto los orígenes de la fragilización de esta especie. Le han llamado el sindrome de la especie burbuja. A grandes rasgos nos cuenta uno de los científicos más notables "... es una especie con claros matices destructivos, donde impera el miedo, la falta de motivación, la espera a la solución ajena de los problemas propios y la perdida de ilusión. Sin todas estas claves esta especie se autodestruira poco a poco, solo sobreviviendo los que cambien su ideología. Pero claro, ya no serán parte del homo-fragilius per se. Serian una nueva especie a la que todavía no nos hemos atrevido a poner nombre.....bueno, estamos barajando varias probabilidades, pero todavía no podemos dar nombres exactos. Perdonen pero tengo que volver a mi laboratorio".
Con todo esto, me llaman al móvil "Enciende la tele. Pon el telediario". En imagenes poco claras se ve un grupo de gente con parcantas. Es el movimiento de "salvación", donde proponen salvar a la especie fletando un barco y marchándose todos a las isla Rotoroa, una isla cercana a Nueva Zelanda, donde antiguamente fue comprada por el ejercito de Salvación para gente con problemas de alcohol y drogas. Muchos de ellos padecen estos problemas, así que han pensado que para sobrevivir a estos tiempos, lo mejor es marcharse a un terreno menos hostil y empezar de nuevo.
No me parecía una mala idea lo de marcharse a una isla deshabitada y empezar de nuevo. ¿Se quitarían por fin los miedos o crearian nuevos? ¿Se sentirían motivados a crear una nueva civilización o se cansarían al primer obstáculo? Todo esto esta por ver. También tengo que interiorizar dentro de mi y saber que especie soy. ¿Soy de los homo-erectus "por que puedo", de los homo-fragilius o de la nueva especie que esta saliendo y de la cual no hay nombre todavía?¿Puedo elegir de que especie quiero ser o ya me viene de fabrica? El futuro cercano nos ira trayendo respuesta a todo esto. Permanezcan concectados
domingo, 28 de abril de 2013
Oscuridad
La calle estaba vacía. Solo se oían sus pasos rápidos chapoteando con las gotas de agua del suelo. Sus manos estaban resguardadas en los bolsillos de su abrigo y su cabeza no paraba de pensar. Estaba harta de sentirse culpable de una situación que le hacia ser feliz. De una situación que la estaba sacando de un pozo oscuro donde hacia tiempo que se estaba ahogando, y lo malo es que aunque estaba pidiendo la mano a todos, nadie se la tendía. La miraban ahogarse poco a poco y complacidos, miraban pensando "Si. Ahogate. Nosotros ya lo hicimos hace tiempo. Ahora te toca a ti" y ella los miraba con ojos abiertos, no entendiendo el juego sucio de la vida.
Nadie le había explicado que llega un momento en la vida en que te ahogas. Y quizá la gente piense que estas exagerando por que desde fuera el sol siempre brilla más fuerte y los problemas se ven mas livianos, pero ella no podía aguantar mas. No podía soportar que aunque estaba gritando la gente no se giraba y que cuando lo hacían y la veían agonizando, se giraban con una mueca diciendo que no era para tanto. Y ella se quedaba allí, de pie, sola, vacía, defraudada, sin creerse que esa era la vida que tenia que vivir para siempre.
Cuando más se hundía, casi a punto de ahogarse del todo y cerrar sus ojos a su muerte, de repente, una mano salió desde ninguna parte. Cuando se agarró a ella, vio que era una cara desconocida. Era una cara amable, honesta, que por fin la veía con ojos reales, que la miraban preguntándose por que se estaba ahogando, por que estaba sola en ese pozo oscuro. Ella no lo conocía, pero sus ojos vieron en los de él un oasis perdido, una paz que anhelaba desde hacia tiempo.
Él la cogió de la mano y la abrazo, de una manera que ya había olvidado. Mientras lo hacían, la gente les miraba y sus ojos veían con suciedad lo que era un acto heroico. Veían que ella era una cobarde por no haberse quedado en el pozo y haber sido una martir, como todos ellos. Sus caras grises miraban mal este acto de valentía, por que a ellos no había venido nadie a salvarlos. Lo que ellos no sabían es que si él la había salvado, él tendría que unirse con ella en el pozo y hundirlos a los dos juntos.
Ella volvía a respirar en sus brazos y él se sentía tan necesitado que no podía dejar de abrazarla. Su voz era música celestial para sus oídos. Ella le pedía que no le dejara nunca, que no dejara de abrazarla. Sin él volvería al pozo donde la había encontrado, pero esta vez su caída seria tan fuerte que no volvería a salir más. Él le prometía que no lo haría, pero los ojos de la gente le miraban tan fuerte que le hacían daño. Sabia que no podía dejarla morir, pero si no lo hacia, le iban a matar a él también.
Mientras seguía caminando, pensaba en él y su cara se iluminaba. "Me ha dicho que esta noche vendrá a buscarme. Que prepare todo que nos vamos. Me da igual todo. Solo sé que soy feliz. Que si estoy sin él no puedo vivir" Llegando a casa, recibió un mensaje al móvil. "No puedo ir. He estado pensando que esto no es tan buena idea. Tu lo sabes también. Creo que es mejor que dejemos de vernos por un tiempo. Lo siento". El móvil se le resbalo de sus manos. Sus ojos se quedaron en blanco, su cuerpo se debilitó tanto que cayó de rodillas al suelo. Poco a poco, su cuerpo empezó a caer en ese pozo, y aunque decía su nombre y se intentaba agarrar a las paredes, poco a poco la luz de sus ojos se fue yendo, hasta que la oscuridad fue total.
Rauelsson - Fluvial from sonic pieces on Vimeo.
Nadie le había explicado que llega un momento en la vida en que te ahogas. Y quizá la gente piense que estas exagerando por que desde fuera el sol siempre brilla más fuerte y los problemas se ven mas livianos, pero ella no podía aguantar mas. No podía soportar que aunque estaba gritando la gente no se giraba y que cuando lo hacían y la veían agonizando, se giraban con una mueca diciendo que no era para tanto. Y ella se quedaba allí, de pie, sola, vacía, defraudada, sin creerse que esa era la vida que tenia que vivir para siempre.
Cuando más se hundía, casi a punto de ahogarse del todo y cerrar sus ojos a su muerte, de repente, una mano salió desde ninguna parte. Cuando se agarró a ella, vio que era una cara desconocida. Era una cara amable, honesta, que por fin la veía con ojos reales, que la miraban preguntándose por que se estaba ahogando, por que estaba sola en ese pozo oscuro. Ella no lo conocía, pero sus ojos vieron en los de él un oasis perdido, una paz que anhelaba desde hacia tiempo.
Él la cogió de la mano y la abrazo, de una manera que ya había olvidado. Mientras lo hacían, la gente les miraba y sus ojos veían con suciedad lo que era un acto heroico. Veían que ella era una cobarde por no haberse quedado en el pozo y haber sido una martir, como todos ellos. Sus caras grises miraban mal este acto de valentía, por que a ellos no había venido nadie a salvarlos. Lo que ellos no sabían es que si él la había salvado, él tendría que unirse con ella en el pozo y hundirlos a los dos juntos.
Ella volvía a respirar en sus brazos y él se sentía tan necesitado que no podía dejar de abrazarla. Su voz era música celestial para sus oídos. Ella le pedía que no le dejara nunca, que no dejara de abrazarla. Sin él volvería al pozo donde la había encontrado, pero esta vez su caída seria tan fuerte que no volvería a salir más. Él le prometía que no lo haría, pero los ojos de la gente le miraban tan fuerte que le hacían daño. Sabia que no podía dejarla morir, pero si no lo hacia, le iban a matar a él también.
Mientras seguía caminando, pensaba en él y su cara se iluminaba. "Me ha dicho que esta noche vendrá a buscarme. Que prepare todo que nos vamos. Me da igual todo. Solo sé que soy feliz. Que si estoy sin él no puedo vivir" Llegando a casa, recibió un mensaje al móvil. "No puedo ir. He estado pensando que esto no es tan buena idea. Tu lo sabes también. Creo que es mejor que dejemos de vernos por un tiempo. Lo siento". El móvil se le resbalo de sus manos. Sus ojos se quedaron en blanco, su cuerpo se debilitó tanto que cayó de rodillas al suelo. Poco a poco, su cuerpo empezó a caer en ese pozo, y aunque decía su nombre y se intentaba agarrar a las paredes, poco a poco la luz de sus ojos se fue yendo, hasta que la oscuridad fue total.
Rauelsson - Fluvial from sonic pieces on Vimeo.
miércoles, 27 de marzo de 2013
Tango
El día era gris y el olor húmedo del mar se metía en todos los poros del cuerpo. Las gaviotas, enfadadas, pedían la exclusividad de su territorio desde el cielo. La soledad del mar es inmensa, ofreciendo su compás a ritmo de tango, para que se baile agarrado de su espuma. Sin violencia, sin querer estar por encima. No, eso no le gusta al mar. Le gusta que se disfrute, que te dejes acariciar. Solo cuando quieres tú estar por encima, el mar se rebela y te arrastra.
Se encontraron hace tantos años que no se acordaba hacia cuanto. Sus primer baile fue un tango. Un baile lleno de pasión, donde los músicos con los ojos cerrados interpretaban un pieza lenta, llena de sentimiento. Él la cogió de la cintura y sin parar de mirarla a los ojos, la arrastraba de una parte a otra de la sala, con tal dominio que ella, sin saber donde poner los pies no se choco nunca con los suyos. Sus caras estuvieron tan cerca que sus alientos eran uno. Aquella noche no existía el tiempo, el lugar ni la razón. Solo el ritmo de la música confundiendose con los latidos de sus corazones.
Mientras lanzaba una piedra al mar, sus pensamientos volvían a ese olor a algas marinas, a sal. Ese olor que le traía a la mente el olor de él. Cuantos tangos bailaron más después de aquel primero, todos con la misma pasión. Aquello se convirtió en su forma particular de seducción. Cuantas veces habían ido, después de bailar a aquella playa, cerca del mismo punto donde se encontraba hoy ella. Aquí habían seguido bailando, a la luz de la luna. Un baile distinto, pero al fin y al cabo otro baile.
Se había girado el viento y le entro un escalofrío. Escalofrío de tanto recuerdo, de darse cuenta que aquellos momentos no se volverían a repetir. Aquel amor de juventud era especial por la frescura, por las sensaciones primeras, por la inconsciencia de no tener nada que perder, por pensar que va a durar siempre, por el amor sin interés, blanco, puro, donde la expresión "hacer el amor" es real.
Dio un respiro hondo y cerro los ojos. A pesar de sentirse tan sola como su amada playa, daba las gracias por todo lo que había vivido. Daba gracias por aquellos tangos bailados con el corazón, por aquel amor vivido en su juventud. Se toco la cara y no se reconocía las arrugas. Desde hacia unos años no se reconocía en esa mujer mayor que se miraba al espejo. No le gustaba mirarse al espejo ni hacerse fotos. Ella quería seguir manteniendo intacta la memoria de su aspecto real, el de su alma.
Un coche aparcado tenia de música de fondo al maestro Astor Piazzola y sus ojos se cerraron para hacer el recuerdo más real. Se puso su mano izquierda en la cintura y levanto su mano derecha a un hombro fantasma. Ese fantasma del recuerdo que todavía vivía en su mente. Tarareando la canción en voz baja sus piernas se movieron al compás. El dueño del coche, que lo estaba limpiando, paró para observar a la mujer bailando sola. Su camisa bailaba con el viento y su cara esbozaba una sonrisa. Una imagen tan bella que no podía parar de observarla.
Se encontraron hace tantos años que no se acordaba hacia cuanto. Sus primer baile fue un tango. Un baile lleno de pasión, donde los músicos con los ojos cerrados interpretaban un pieza lenta, llena de sentimiento. Él la cogió de la cintura y sin parar de mirarla a los ojos, la arrastraba de una parte a otra de la sala, con tal dominio que ella, sin saber donde poner los pies no se choco nunca con los suyos. Sus caras estuvieron tan cerca que sus alientos eran uno. Aquella noche no existía el tiempo, el lugar ni la razón. Solo el ritmo de la música confundiendose con los latidos de sus corazones.
Mientras lanzaba una piedra al mar, sus pensamientos volvían a ese olor a algas marinas, a sal. Ese olor que le traía a la mente el olor de él. Cuantos tangos bailaron más después de aquel primero, todos con la misma pasión. Aquello se convirtió en su forma particular de seducción. Cuantas veces habían ido, después de bailar a aquella playa, cerca del mismo punto donde se encontraba hoy ella. Aquí habían seguido bailando, a la luz de la luna. Un baile distinto, pero al fin y al cabo otro baile.
Se había girado el viento y le entro un escalofrío. Escalofrío de tanto recuerdo, de darse cuenta que aquellos momentos no se volverían a repetir. Aquel amor de juventud era especial por la frescura, por las sensaciones primeras, por la inconsciencia de no tener nada que perder, por pensar que va a durar siempre, por el amor sin interés, blanco, puro, donde la expresión "hacer el amor" es real.
Dio un respiro hondo y cerro los ojos. A pesar de sentirse tan sola como su amada playa, daba las gracias por todo lo que había vivido. Daba gracias por aquellos tangos bailados con el corazón, por aquel amor vivido en su juventud. Se toco la cara y no se reconocía las arrugas. Desde hacia unos años no se reconocía en esa mujer mayor que se miraba al espejo. No le gustaba mirarse al espejo ni hacerse fotos. Ella quería seguir manteniendo intacta la memoria de su aspecto real, el de su alma.
Un coche aparcado tenia de música de fondo al maestro Astor Piazzola y sus ojos se cerraron para hacer el recuerdo más real. Se puso su mano izquierda en la cintura y levanto su mano derecha a un hombro fantasma. Ese fantasma del recuerdo que todavía vivía en su mente. Tarareando la canción en voz baja sus piernas se movieron al compás. El dueño del coche, que lo estaba limpiando, paró para observar a la mujer bailando sola. Su camisa bailaba con el viento y su cara esbozaba una sonrisa. Una imagen tan bella que no podía parar de observarla.
lunes, 18 de marzo de 2013
Si o no
Las puertas se abrían dejando a la luz entrar de lleno. Esta era muy clara y fuerte llenando la habitación de calor. Sus ojos no podían mirar de tanto resplandor. De repente se despertó. La ventana estaba cerrada. Por un momento se quedo bloqueada. ¿Por que había visto la luz en sus ojos si la habitación estaba en penumbra? Se levanto con esta sensación extraña de haber perdido el norte. Miró la habitación como si no fuera suya y se vistió. De repente se fijo en un trozo de papel que había en la mesilla de noche. En él ponía "¿Todavia me quieres?".
Se quedo mirando el papel en silencio. ¿Era una pregunta cerrada o abierta? ¿Todavia se podía querer o ya no se podía seguir queriendo? ¿Por que la gente pregunta lo que intuye? ¿Por que piensa que la realidad del sonido o de la imagen es más cierta que la intuición de la entraña visceral? Esa entraña que nace con nosotros y que se forma y deforma con la edad.
El amor es como ese anuncio de Cucal, donde decía "la cucarachas nacen, crecen, se multiplican y con cucal mueren". Pues eso, pero en vez de Cucal, aquí utilizamos la rutina, la desidia, el no apostar, el no querer seguir luchando más. Ella miró el papel con cara de Cucal. A ella las cucarachas ya no le aparecian por ningun sitio desde hacia tiempo.
Se dirigió a la cocina y puso la cafetera al fuego. No quería pensar más. Era demasiado pronto para agobiarse. El teléfono sonó. "Hola......si, acabo de levantarme.........no, no he visto ninguna nota. Me he levantado rápido para ir al baño.......espera, te llamo luego. Llaman a la puerta". Colgó el teléfono y se encendió un cigarrillo. El humo salia de la boca muy despacio al mismo tiempo que la cafetera empezaba a silbar.
Andando por la calle, miraba los escaparates. Todavía no lo había llamado, pero no le apetecía. No se sentía culpable. Solo necesitaba tiempo para pensar. Pensar sin pensar, dejar que todo fluyese y que la vida le diera una respuesta a su gran pregunta "¿Todavia le quiero?". Pasó por una floristeria y al ver las margaritas, desojo una mentalmente. "Le quiero, no le quiero, le quiero, no le quiero, le quiero, no le quiero, le quiero, ¿le quiero?¿Le quiero?......"¿Por que le parecía tan difícil contestar?
Cuando llego a casa, él estaba en la cocina. Estaba cocinando uno de sus platos especiales. Cocinaba con muchas especias y olia muy fuerte. Una bocanada de sol, de pimienta, de sudor se asentó en su estomago y le dieron ganas de vomitar. Se dirigió rápido al cuarto de baño. "¿Estas bien?" le dijo él cogiéndole la cabeza, mientras ella con espasmos se cogía a la tapa del vater. "¿Te encuentras bien?" "No, no me encuentro muy bien. Es como si me faltase el aire. ¿Puedes abrir la ventana?" Mientras él salia de la habitación, ella se miró en el espejo del cuarto de baño y al mirarse a los ojos, ellos le dieron la respuesta. "Pues va a ser que no".
Se quedo mirando el papel en silencio. ¿Era una pregunta cerrada o abierta? ¿Todavia se podía querer o ya no se podía seguir queriendo? ¿Por que la gente pregunta lo que intuye? ¿Por que piensa que la realidad del sonido o de la imagen es más cierta que la intuición de la entraña visceral? Esa entraña que nace con nosotros y que se forma y deforma con la edad.
El amor es como ese anuncio de Cucal, donde decía "la cucarachas nacen, crecen, se multiplican y con cucal mueren". Pues eso, pero en vez de Cucal, aquí utilizamos la rutina, la desidia, el no apostar, el no querer seguir luchando más. Ella miró el papel con cara de Cucal. A ella las cucarachas ya no le aparecian por ningun sitio desde hacia tiempo.
Se dirigió a la cocina y puso la cafetera al fuego. No quería pensar más. Era demasiado pronto para agobiarse. El teléfono sonó. "Hola......si, acabo de levantarme.........no, no he visto ninguna nota. Me he levantado rápido para ir al baño.......espera, te llamo luego. Llaman a la puerta". Colgó el teléfono y se encendió un cigarrillo. El humo salia de la boca muy despacio al mismo tiempo que la cafetera empezaba a silbar.
Andando por la calle, miraba los escaparates. Todavía no lo había llamado, pero no le apetecía. No se sentía culpable. Solo necesitaba tiempo para pensar. Pensar sin pensar, dejar que todo fluyese y que la vida le diera una respuesta a su gran pregunta "¿Todavia le quiero?". Pasó por una floristeria y al ver las margaritas, desojo una mentalmente. "Le quiero, no le quiero, le quiero, no le quiero, le quiero, no le quiero, le quiero, ¿le quiero?¿Le quiero?......"¿Por que le parecía tan difícil contestar?
Cuando llego a casa, él estaba en la cocina. Estaba cocinando uno de sus platos especiales. Cocinaba con muchas especias y olia muy fuerte. Una bocanada de sol, de pimienta, de sudor se asentó en su estomago y le dieron ganas de vomitar. Se dirigió rápido al cuarto de baño. "¿Estas bien?" le dijo él cogiéndole la cabeza, mientras ella con espasmos se cogía a la tapa del vater. "¿Te encuentras bien?" "No, no me encuentro muy bien. Es como si me faltase el aire. ¿Puedes abrir la ventana?" Mientras él salia de la habitación, ella se miró en el espejo del cuarto de baño y al mirarse a los ojos, ellos le dieron la respuesta. "Pues va a ser que no".
lunes, 4 de marzo de 2013
Sin retorno
Desde la ventana ve caer las gotas de lluvia en el cristal. Su mirada esta ausente, mirando para adentro, en sus ideas, sus sueños. Su cabeza, como a menudo, muy dispersa e intentando hacer coincidir su realidad con ese mundo paralelo que es su realidad virtual. Una realidad que solo existe dentro de su cabeza.
Un mundo imaginario demasiado sensible para un mundo tan rudo como el de hoy en día. Se deja balancear por sus pensamientos mientras su mirada incierta se tropieza con la gente que pasa ajena a su mundo. Gente con sus propios problemas y su propia vida, pero como si en el fondo todos tuvieran esa mirada perdida de vivir una vida que no les corresponde.
Mientras coge un papel y garabatea unos dibujos sin sentido, su cabeza solo hace que pensar. No sabe muy bien como ha llegado hasta aquí, pero lo malo es que no hay vuelta atrás. Es un punto sin retorno y ella sabe que eso no es verdad. Siempre se pueden despasar los pasos hechos. Lo malo es que es cabalgando sobre personas y rompiendolos. Eso ya le ha pasado muchas veces y aunque parece que sale de rositas de toda esta batalla, siempre el dolor vuelve a pegarle al corazón. Tan fuerte, que luego tarda mucho en recobrar la rutina y se queda muy débil.
Su cabeza lleva una corona muy pesada de reina de corazones. De destrozar vidas allá donde se posa. De siempre dar patadas allá donde va. Pero solo es para hacerse paso cuando todas las cuerdas le ahogan. Ella solo quiere libertad para poder hacer lo que ella quiera y claro, eso la gente no lo entiende. La gente piensa que cuando uno es mayor tiene obligaciones. Uno ya no puede hacer lo que quiere. Se debe a unas pautas, a unos condicionantes.
Mentira. Eso es todo mentira. excusas de mentes débiles que les da miedo reaccionar. Mentes que tienen miedo a mover ficha por el que dirán, por no poder volver hacia atrás si todo sale mal. Pero cuando lo que tienes que ganar es tan bueno, que mas da lo que pierdas si ganas el doble.
Ella llegó a casa, hizo la maleta y cuando él volvió a casa, miró la maleta, la miró a ella y se quedo mudo. "Me voy. Me ahogo aquí. Ya lo sabes. Te he dicho muchas veces que no era feliz" Él la miro sin mirarla. Era algo que ya se había repetido en su mente varias veces. Ella se lo había repetido varias veces, pero nunca pensó que lo pudiera hacer de verdad. Ella, con los ojos llenos de lágrimas le miro a los ojos, esperando una palabra que le hiciera cambiar de idea, que le hiciera pensar que estaba equivocada, pero esa palabra nunca salió de sus labios. "¿Quieres que te llame a un taxi?" le dijo él cogiéndole las bolsas.
Después de cargar las bolsas en el taxi, se abrazaron los dos y ella susurro "lo siento" en su oído. Ella se subió a la parte trasera del coche y él espero a que el coche desapareciera. Su cara estaba triste y ella no pudo evitar las lágrimas por aquella historia rota. Una historia más que no había podido atar a aquel corazón salvaje suyo. Un corazón que echaba de menos correr libre en cuanto se sentía atrapado. Mientras pensaba en su próximo destino no podía para de llorar. Llorar por la historia perdida, y por esa maldición de querer ser libre de espíritu y de corazón.
Un mundo imaginario demasiado sensible para un mundo tan rudo como el de hoy en día. Se deja balancear por sus pensamientos mientras su mirada incierta se tropieza con la gente que pasa ajena a su mundo. Gente con sus propios problemas y su propia vida, pero como si en el fondo todos tuvieran esa mirada perdida de vivir una vida que no les corresponde.
Mientras coge un papel y garabatea unos dibujos sin sentido, su cabeza solo hace que pensar. No sabe muy bien como ha llegado hasta aquí, pero lo malo es que no hay vuelta atrás. Es un punto sin retorno y ella sabe que eso no es verdad. Siempre se pueden despasar los pasos hechos. Lo malo es que es cabalgando sobre personas y rompiendolos. Eso ya le ha pasado muchas veces y aunque parece que sale de rositas de toda esta batalla, siempre el dolor vuelve a pegarle al corazón. Tan fuerte, que luego tarda mucho en recobrar la rutina y se queda muy débil.
Su cabeza lleva una corona muy pesada de reina de corazones. De destrozar vidas allá donde se posa. De siempre dar patadas allá donde va. Pero solo es para hacerse paso cuando todas las cuerdas le ahogan. Ella solo quiere libertad para poder hacer lo que ella quiera y claro, eso la gente no lo entiende. La gente piensa que cuando uno es mayor tiene obligaciones. Uno ya no puede hacer lo que quiere. Se debe a unas pautas, a unos condicionantes.
Mentira. Eso es todo mentira. excusas de mentes débiles que les da miedo reaccionar. Mentes que tienen miedo a mover ficha por el que dirán, por no poder volver hacia atrás si todo sale mal. Pero cuando lo que tienes que ganar es tan bueno, que mas da lo que pierdas si ganas el doble.
Ella llegó a casa, hizo la maleta y cuando él volvió a casa, miró la maleta, la miró a ella y se quedo mudo. "Me voy. Me ahogo aquí. Ya lo sabes. Te he dicho muchas veces que no era feliz" Él la miro sin mirarla. Era algo que ya se había repetido en su mente varias veces. Ella se lo había repetido varias veces, pero nunca pensó que lo pudiera hacer de verdad. Ella, con los ojos llenos de lágrimas le miro a los ojos, esperando una palabra que le hiciera cambiar de idea, que le hiciera pensar que estaba equivocada, pero esa palabra nunca salió de sus labios. "¿Quieres que te llame a un taxi?" le dijo él cogiéndole las bolsas.
Después de cargar las bolsas en el taxi, se abrazaron los dos y ella susurro "lo siento" en su oído. Ella se subió a la parte trasera del coche y él espero a que el coche desapareciera. Su cara estaba triste y ella no pudo evitar las lágrimas por aquella historia rota. Una historia más que no había podido atar a aquel corazón salvaje suyo. Un corazón que echaba de menos correr libre en cuanto se sentía atrapado. Mientras pensaba en su próximo destino no podía para de llorar. Llorar por la historia perdida, y por esa maldición de querer ser libre de espíritu y de corazón.
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