Desde la ventana ve caer las gotas de lluvia en el cristal. Su mirada esta ausente, mirando para adentro, en sus ideas, sus sueños. Su cabeza, como a menudo, muy dispersa e intentando hacer coincidir su realidad con ese mundo paralelo que es su realidad virtual. Una realidad que solo existe dentro de su cabeza.
Un mundo imaginario demasiado sensible para un mundo tan rudo como el de hoy en día. Se deja balancear por sus pensamientos mientras su mirada incierta se tropieza con la gente que pasa ajena a su mundo. Gente con sus propios problemas y su propia vida, pero como si en el fondo todos tuvieran esa mirada perdida de vivir una vida que no les corresponde.
Mientras coge un papel y garabatea unos dibujos sin sentido, su cabeza solo hace que pensar. No sabe muy bien como ha llegado hasta aquí, pero lo malo es que no hay vuelta atrás. Es un punto sin retorno y ella sabe que eso no es verdad. Siempre se pueden despasar los pasos hechos. Lo malo es que es cabalgando sobre personas y rompiendolos. Eso ya le ha pasado muchas veces y aunque parece que sale de rositas de toda esta batalla, siempre el dolor vuelve a pegarle al corazón. Tan fuerte, que luego tarda mucho en recobrar la rutina y se queda muy débil.
Su cabeza lleva una corona muy pesada de reina de corazones. De destrozar vidas allá donde se posa. De siempre dar patadas allá donde va. Pero solo es para hacerse paso cuando todas las cuerdas le ahogan. Ella solo quiere libertad para poder hacer lo que ella quiera y claro, eso la gente no lo entiende. La gente piensa que cuando uno es mayor tiene obligaciones. Uno ya no puede hacer lo que quiere. Se debe a unas pautas, a unos condicionantes.
Mentira. Eso es todo mentira. excusas de mentes débiles que les da miedo reaccionar. Mentes que tienen miedo a mover ficha por el que dirán, por no poder volver hacia atrás si todo sale mal. Pero cuando lo que tienes que ganar es tan bueno, que mas da lo que pierdas si ganas el doble.
Ella llegó a casa, hizo la maleta y cuando él volvió a casa, miró la maleta, la miró a ella y se quedo mudo. "Me voy. Me ahogo aquí. Ya lo sabes. Te he dicho muchas veces que no era feliz" Él la miro sin mirarla. Era algo que ya se había repetido en su mente varias veces. Ella se lo había repetido varias veces, pero nunca pensó que lo pudiera hacer de verdad. Ella, con los ojos llenos de lágrimas le miro a los ojos, esperando una palabra que le hiciera cambiar de idea, que le hiciera pensar que estaba equivocada, pero esa palabra nunca salió de sus labios. "¿Quieres que te llame a un taxi?" le dijo él cogiéndole las bolsas.
Después de cargar las bolsas en el taxi, se abrazaron los dos y ella susurro "lo siento" en su oído. Ella se subió a la parte trasera del coche y él espero a que el coche desapareciera. Su cara estaba triste y ella no pudo evitar las lágrimas por aquella historia rota. Una historia más que no había podido atar a aquel corazón salvaje suyo. Un corazón que echaba de menos correr libre en cuanto se sentía atrapado. Mientras pensaba en su próximo destino no podía para de llorar. Llorar por la historia perdida, y por esa maldición de querer ser libre de espíritu y de corazón.
Mi historias tienen banda sonora, asi que recuerda: antes de empezar a leer, da al play del video.
lunes, 4 de marzo de 2013
sábado, 2 de febrero de 2013
Futuro incierto
Mientras la gente va cogiendo los abrigos y van cerrando las luces de sus despachos, ella se queda rezagada con la cara en la pantalla. Una pantalla que le ha dado mas que un quebradero de cabeza en muchisimas situaciones difíciles. Una oficina que le ha dado mas enemigos que amigos, pero que esos poco elegidos no los cambiaria por nada en el mundo. Un espacio que se ha comido años de su vida. Se comió los primeros pasos de su hijo, la simpatía y conexión con su marido hasta hacerlos dos desconocidos que vivían juntos, la juventud de una piel dando paso a cabellos plateados y bolsas en los ojos. Y a pesar de todo, iba a echar mucho de menos llegar aquí todas las mañanas y cambiar su rutina diaria.
A partir de mañana ya no tenia que volver allí. La empresa rescindía de ella y de 100 compañeros mas alrededor de toda España. Las cosas están mal y tienen que cerrar oficinas. No solamente es ella. Lo típico de mal de muchos, consuelo de tontos, pero a ella, a los 55 años, hacerle esto era en letras grandes toda una putada. Ya no tenia la mentalidad de joven, de pensar que la vida era mas que trabajar. Para ella ir a trabajar era su modo de vida y no quería ni pensar en que iba a pasar a partir de mañana.
Mientras sus compañeros iban saliendo de la oficina ella no podía levantarse de su silla. Miraba toda la oficina cuidadosamente. No quería dejar ni un detalle sin grabar en el disco duro de su memoria. "¿Ese cuadro es nuevo? Nunca me había fijado en él". De lejos, ya en la puerta, una de sus compañeras, una de esas que se había convertido en su mejor amiga, le miraba en silencio. La miraba haciendo la misma función, intentando recordar cuando fue la primera vez que la vio entrar en aquella oficina. Como le caía de mal en un principio y como cambio su mentalidad a raíz de que ella le ayudara en aquel lio con el jefe. Tenia mucho carácter pero un corazón como un elefante de grande. Sin darse cuenta, las lágrimas le cayeron por las mejillas.
Ella cogió la bolsa que había preparado con todas sus cosas, fotos, libretas, bolis, agendas...las flores que les habían regalado sus compañeros hoy por ser su último día. Había sido un día cargado de emociones y ahora no sabia como dar un carpetazo final a este episodio. Un episodio que se cerraba en contra de su voluntad, pero en el que ella no podía hacer nada. Cogió su abrigo, sus cosas y apago el ordenador. Al ver a su amiga en la puerta con su cara triste, se vio en la obligación de animarle "Venga Rosa, no seas tonta. Si nos vamos a ver más ahora que antes. Con la de tiempo libre que voy a tener a partir de ahora" y la cogió y la abrazo muy fuerte. Ellas sabían que la conexión que tenían ahora la iban a ir perdiendo poco a poco. Que ya nada iba a ser lo mismo, pero las dos se mintieron para poder seguir adelante "Ya te vale, ya. Menuda envidia me das. La de tiempo que vas a tener para por fin poder hacer lo que quieras. Yo el lunes de vuelta a este rollo".
Ya en la calle, comenzó a caminar. Era una mujer libre. Lo que había dicho su amiga era verdad. Por fin podía hacer lo que quería..........¿y que es lo que quería?....bueno, ya lo pensaría. Ahora tenia mucho tiempo para pensar. Y mientras caminaba por la calle miraba todo a su alrededor. Caras que le miraban como diciéndole"Yo estoy en tu misma situación. Soy libre también. ¿Ves lo contento que estoy? ¿Puedes palpar la felicidad de toda la población que ahora puede por fin hacer lo que quiere?" Sus ojos llenos de lágrimas se quedaron sin imagen.
A partir de mañana ya no tenia que volver allí. La empresa rescindía de ella y de 100 compañeros mas alrededor de toda España. Las cosas están mal y tienen que cerrar oficinas. No solamente es ella. Lo típico de mal de muchos, consuelo de tontos, pero a ella, a los 55 años, hacerle esto era en letras grandes toda una putada. Ya no tenia la mentalidad de joven, de pensar que la vida era mas que trabajar. Para ella ir a trabajar era su modo de vida y no quería ni pensar en que iba a pasar a partir de mañana.
Mientras sus compañeros iban saliendo de la oficina ella no podía levantarse de su silla. Miraba toda la oficina cuidadosamente. No quería dejar ni un detalle sin grabar en el disco duro de su memoria. "¿Ese cuadro es nuevo? Nunca me había fijado en él". De lejos, ya en la puerta, una de sus compañeras, una de esas que se había convertido en su mejor amiga, le miraba en silencio. La miraba haciendo la misma función, intentando recordar cuando fue la primera vez que la vio entrar en aquella oficina. Como le caía de mal en un principio y como cambio su mentalidad a raíz de que ella le ayudara en aquel lio con el jefe. Tenia mucho carácter pero un corazón como un elefante de grande. Sin darse cuenta, las lágrimas le cayeron por las mejillas.
Ella cogió la bolsa que había preparado con todas sus cosas, fotos, libretas, bolis, agendas...las flores que les habían regalado sus compañeros hoy por ser su último día. Había sido un día cargado de emociones y ahora no sabia como dar un carpetazo final a este episodio. Un episodio que se cerraba en contra de su voluntad, pero en el que ella no podía hacer nada. Cogió su abrigo, sus cosas y apago el ordenador. Al ver a su amiga en la puerta con su cara triste, se vio en la obligación de animarle "Venga Rosa, no seas tonta. Si nos vamos a ver más ahora que antes. Con la de tiempo libre que voy a tener a partir de ahora" y la cogió y la abrazo muy fuerte. Ellas sabían que la conexión que tenían ahora la iban a ir perdiendo poco a poco. Que ya nada iba a ser lo mismo, pero las dos se mintieron para poder seguir adelante "Ya te vale, ya. Menuda envidia me das. La de tiempo que vas a tener para por fin poder hacer lo que quieras. Yo el lunes de vuelta a este rollo".
Ya en la calle, comenzó a caminar. Era una mujer libre. Lo que había dicho su amiga era verdad. Por fin podía hacer lo que quería..........¿y que es lo que quería?....bueno, ya lo pensaría. Ahora tenia mucho tiempo para pensar. Y mientras caminaba por la calle miraba todo a su alrededor. Caras que le miraban como diciéndole"Yo estoy en tu misma situación. Soy libre también. ¿Ves lo contento que estoy? ¿Puedes palpar la felicidad de toda la población que ahora puede por fin hacer lo que quiere?" Sus ojos llenos de lágrimas se quedaron sin imagen.
jueves, 10 de enero de 2013
Salto a la oscuridad
La habitación estaba a oscuras pues le gustaba dormir sin nada de luz en la habitación. Marta miro el reloj de la mesilla y eran las 10 de la mañana. Otra vez se había vuelto a dormir. Desde la cama oía los mismos gritos de siempre. Su padre gritando a su madre, preguntandole donde se había gastado todo el dinero de la comida. Su madre no solía gritar. Ella dejaba que su marido le gritase, mirándole con asco, esperando a que terminara de desahogarse. A su padre esa mirada le irritaba más que si le estuviera gritando.
"Podéis callaros de una vez. Estoy harta de tanto ruido ya de mañana, joder" grito Marta dando un portazo al entrar en el baño. El padre se dirigió hacia ella abriendo la puerta con un golpe "¿Y tu? ¿Pasando de ir a clase? Otra puta vaga en esta casa. Aquí solo nos hace falta eso. Ya te estas buscando trabajo, que aquí se acabo el cuento" Marta se levanto del vater y cerro con otro portazo "Me voy a pirar de esta casa de locos pero ya. Estáis todos como una puta cabra"
Entro en la cocina preparada para marcharse. Allí estaba la madre, sentada, sujetando un cigarrillo en una mano y una lata de cerveza en la otra. Los dedos que sujetaban el cigarrillo estaban amarillentos y las uñas estaban sucias. "Joder mama, quitate las manchas de los dedos. Menuda pinta" Iba a seguir, pero cuando su madre le miro se calló. Sus ojos estaban perdidos y suplicaban que ella no se uniera a su padre en las criticas. Cogió el bolso y abrió la puerta "Vengo en un rato"
Bajando las escaleras se puso los auriculares con la música a todo volumen. Su vida era una mierda, una pesadilla de la que no lograba despertarse. Al llegar al instituto se vio con sus amigas "Menuda cara Marta. ¿Que pasa?" Marta le cogió el porro de la mano a su amiga y le pego una calada "La misma mierda de siempre. Estoy hasta los cojones de todo. ¿Tienes algo?". La amiga negó con la cabeza "La cosa esta chunga. No hay pasta. Miraré si puedo sacar algo a Pedro para mañana viernes y nos vamos a Industrial" Los ojos de Marta se encendieron. "Si. Necesito fiesta para desconectar de todo"
Al llegar a casa no había nadie. Otra vez se tenia que hacer la comida. Abrió la nevera y no había mucha cosa. Miro en la despensa y se saco una lata de atún. Cogió un tenedor y empezó a comerse la lata rebañando el aceite con los dedos. Su padre pego un portazo al llegar a casa. Entro en la cocina y miro a Marta "¿Que haces?" "Aquí comiendo algo. No hay nada en casa para comer. Esto es una mierda de casa". El padre la miro con rabia. Olia a alcohol y Marta sabia que cuando bebía se transformaba. "Pues si esto te parece una mierda te coges la maleta y te marchas. Y a mi no me hables así que soy tu padre ¿Vale?" Y cogiéndole del pelo la tiro al suelo. Marta le empezó a gritar "Dejame. No me toques, borracho de mierda" El padre mientras ella le gritaba le pegaba patadas en la espalda.
Todo estaba en silencio. Solo se oía a Marta sollozando. El padre hacia un rato que había terminado de azotar a la hija y se había marchado de un portazo. Marta lloraba de impotencia por una vida que ella no había buscado, pero que le estaba hundiendo cada vez mas. Se levanto y se fue al baño a lavarse. Se miro y tenia moratones por todo el cuerpo "Que cabrón. Menuda paliza me ha dado" Mientras decía esto las lágrimas le caían por la cara. Cogió la bolsa de su cuarto y puso un poco de ropa en ella. Cogió la chaqueta, el bolso y bajo corriendo las escaleras. Una vez en la calle empezó a caminar rápido, cada vez más rápido hasta que empezó a correr. No sabia hacia donde se dirigía pero seguía corriendo. Llego a la estación del tren y entro. "Me voy de aquí. No quiero saber nada más de esta ciudad de mierda"
Cuando llego a la taquilla abrió la cartera y se dio cuenta que no tenia más que 8 euros. Con esto no podía hacer nada. Tenia que conseguir dinero como fuera. Llamo a sus amigas. Todas ellas le daban excusas para que no se fuera a ningún sitio, que no hiciera locuras. Ella se quería marchar ya. No podía aguantar más. Nadie le hacia caso. Se puso a pedir dinero a la gente que estaba en la estación, pero la gente la miraba mal y se iban por otro lado esquivandola. Ella se sentó en uno de los bancos de la estación llena de rabia y con lágrimas en los ojos. ¿Por que le obligaba la vida y la sociedad a vivir una vida de mierda? Por que no podía tener ella una vida normal como el resto de la gente?
El tren se acercaba y ella todavía no tenia el dinero para poder marcharse. No, esta vez no iba a ser a así. El destino no se iba a reír de ella otra vez. Esta vez ella se iba si o si. Se levanto del banco, cogió su bolso y miro como se acercaba el tren. Ella siguió andando, mirando al frente, viendo a la gente que estaba en el anden contrario, gente normal, con vidas normales, lo único que ella quería. Una vida normal y aburrida donde su única preocupación fuera si le llamaba el chico que le gustaba o que ponerse para ir a la discoteca. Su vida era un fracaso, un error desde el principio. Ella siguió andando hacia las vías y con el paso del tren los gritos y alaridos de la gente de la estación fueron en aumento.
El game over de su vida había dejado de aparecer en la pantalla.
"Podéis callaros de una vez. Estoy harta de tanto ruido ya de mañana, joder" grito Marta dando un portazo al entrar en el baño. El padre se dirigió hacia ella abriendo la puerta con un golpe "¿Y tu? ¿Pasando de ir a clase? Otra puta vaga en esta casa. Aquí solo nos hace falta eso. Ya te estas buscando trabajo, que aquí se acabo el cuento" Marta se levanto del vater y cerro con otro portazo "Me voy a pirar de esta casa de locos pero ya. Estáis todos como una puta cabra"
Entro en la cocina preparada para marcharse. Allí estaba la madre, sentada, sujetando un cigarrillo en una mano y una lata de cerveza en la otra. Los dedos que sujetaban el cigarrillo estaban amarillentos y las uñas estaban sucias. "Joder mama, quitate las manchas de los dedos. Menuda pinta" Iba a seguir, pero cuando su madre le miro se calló. Sus ojos estaban perdidos y suplicaban que ella no se uniera a su padre en las criticas. Cogió el bolso y abrió la puerta "Vengo en un rato"
Bajando las escaleras se puso los auriculares con la música a todo volumen. Su vida era una mierda, una pesadilla de la que no lograba despertarse. Al llegar al instituto se vio con sus amigas "Menuda cara Marta. ¿Que pasa?" Marta le cogió el porro de la mano a su amiga y le pego una calada "La misma mierda de siempre. Estoy hasta los cojones de todo. ¿Tienes algo?". La amiga negó con la cabeza "La cosa esta chunga. No hay pasta. Miraré si puedo sacar algo a Pedro para mañana viernes y nos vamos a Industrial" Los ojos de Marta se encendieron. "Si. Necesito fiesta para desconectar de todo"
Al llegar a casa no había nadie. Otra vez se tenia que hacer la comida. Abrió la nevera y no había mucha cosa. Miro en la despensa y se saco una lata de atún. Cogió un tenedor y empezó a comerse la lata rebañando el aceite con los dedos. Su padre pego un portazo al llegar a casa. Entro en la cocina y miro a Marta "¿Que haces?" "Aquí comiendo algo. No hay nada en casa para comer. Esto es una mierda de casa". El padre la miro con rabia. Olia a alcohol y Marta sabia que cuando bebía se transformaba. "Pues si esto te parece una mierda te coges la maleta y te marchas. Y a mi no me hables así que soy tu padre ¿Vale?" Y cogiéndole del pelo la tiro al suelo. Marta le empezó a gritar "Dejame. No me toques, borracho de mierda" El padre mientras ella le gritaba le pegaba patadas en la espalda.
Todo estaba en silencio. Solo se oía a Marta sollozando. El padre hacia un rato que había terminado de azotar a la hija y se había marchado de un portazo. Marta lloraba de impotencia por una vida que ella no había buscado, pero que le estaba hundiendo cada vez mas. Se levanto y se fue al baño a lavarse. Se miro y tenia moratones por todo el cuerpo "Que cabrón. Menuda paliza me ha dado" Mientras decía esto las lágrimas le caían por la cara. Cogió la bolsa de su cuarto y puso un poco de ropa en ella. Cogió la chaqueta, el bolso y bajo corriendo las escaleras. Una vez en la calle empezó a caminar rápido, cada vez más rápido hasta que empezó a correr. No sabia hacia donde se dirigía pero seguía corriendo. Llego a la estación del tren y entro. "Me voy de aquí. No quiero saber nada más de esta ciudad de mierda"
Cuando llego a la taquilla abrió la cartera y se dio cuenta que no tenia más que 8 euros. Con esto no podía hacer nada. Tenia que conseguir dinero como fuera. Llamo a sus amigas. Todas ellas le daban excusas para que no se fuera a ningún sitio, que no hiciera locuras. Ella se quería marchar ya. No podía aguantar más. Nadie le hacia caso. Se puso a pedir dinero a la gente que estaba en la estación, pero la gente la miraba mal y se iban por otro lado esquivandola. Ella se sentó en uno de los bancos de la estación llena de rabia y con lágrimas en los ojos. ¿Por que le obligaba la vida y la sociedad a vivir una vida de mierda? Por que no podía tener ella una vida normal como el resto de la gente?
El tren se acercaba y ella todavía no tenia el dinero para poder marcharse. No, esta vez no iba a ser a así. El destino no se iba a reír de ella otra vez. Esta vez ella se iba si o si. Se levanto del banco, cogió su bolso y miro como se acercaba el tren. Ella siguió andando, mirando al frente, viendo a la gente que estaba en el anden contrario, gente normal, con vidas normales, lo único que ella quería. Una vida normal y aburrida donde su única preocupación fuera si le llamaba el chico que le gustaba o que ponerse para ir a la discoteca. Su vida era un fracaso, un error desde el principio. Ella siguió andando hacia las vías y con el paso del tren los gritos y alaridos de la gente de la estación fueron en aumento.
El game over de su vida había dejado de aparecer en la pantalla.
sábado, 29 de diciembre de 2012
De conveniencia
Mientras se estaba arreglando, se miraba al espejo sin creerse que esto le estaba pasando. Era su gran dia, el dia que siempre le habían dicho que iba a ser el mas especial de su vida.....y allí estaba, sin creerselo. No por lo especial, sino por que no lo parecía realmente. Era como otro día. Bueno, algo especial era. Rompía todos los esquemas de lo correcto, de sus creencias, de lo bueno y lo malo, de lo establecido.
Todo empezó a cambiar hace 2 años. Después de la guerra, la gente paseaba con esa cara de derrota y esa rabia de desear la muerte a uno mismo y al prójimo. Adela era joven y a pesar de haber vivido la tristeza de la guerra, todavía tenia esa ilusión de la juventud, de que todo va a cambiar a mejor, de luchar por un futuro. Allí estaba, embarazada de un amor fortuito, de un amor de paso, violento y sin pensar. Sin estar casada, aquello era un deshonor, una vergüenza para una familia humilde y sin más posesiones que el honor.
Llevada una mañana al convento con las especificaciones concretas de que aquello era producto del pecado y tenia que ser despojado como tal. Una vez habiendose producido el alumbramiento, ese niño debía llevarse a satisfacer a alguna familia cristiana para que se restableciera el orden de lo impuro con lo puro, lo maligno por lo sagrado. Adela lo sabia. Entendía que había jugado mal sus cartas y este era el precio que tenia que pagar. Pero todo eso no le hacia que le gustara la idea de dejar de ser madre en el momento de serlo.
Después de varios meses en el convento, aquella mañana el padre de Adela le estaba esperando en la puerta. Ella salia con una cara diferente. La alegría de su mirada se había perdido. Su gesto era duro y triste. Su cuerpo grande y deformado por la maternidad no tenia su premio. Sus brazos estaban vacíos. Su mente estaba ausente. Su padre le miro e ignorando al fantasma que llevaba a su lado, suspiro tranquilo. Su conciencia y su orgullo estaban tan limpios como la atmósfera de la mañana.
"Lo mejor para ti es que te cases pronto" Le dijo su madre al llegar a casa. "El hijo de la Eugenia esta soltero y no se le conoce novia desde hace mucho tiempo. la madre esta desesperada. Puede ser un matrimonio caído del cielo" Adela sabia que Esteban era un poco raro. Nunca se le había conocido novia. A ella le daba igual. Ella no quería saber nada mas de hombres. Le habían arrebatado un hijo, y el amor con él. Ya no quería querer ni ser querida nunca más. No se creía con ese derecho de ser feliz. Su hijo se había llevado todo su amor y felicidad con él.
Allí estaba, en el día de su boda. Sus padres contentos. Los padres de su futuro marido más contentos todavia. Después de la ceremonia se subieron al coche. Ella nunca había hablado con él. De repente se giro hacia ella y le dijo "Se de tu entrada al convento y de tu hijo fuera del matrimonio. No te preocupes. No te repudio, pero quiero que sepas que yo también traigo alguna sorpresa a este matrimonio. Veras......me gustan los hombres. Tengo un novio al que quiero mucho, pero mis padres no lo han aceptado nunca. Se que nuestro matrimonio no es por amor, por eso te lo digo" Adela le cogió de la mano "No te preocupes Esteban. A mi no me gustan los hombres". Se miraron a los ojos y sonrieron. Quizá esta boda no ha sido tan mala idea.
Todo empezó a cambiar hace 2 años. Después de la guerra, la gente paseaba con esa cara de derrota y esa rabia de desear la muerte a uno mismo y al prójimo. Adela era joven y a pesar de haber vivido la tristeza de la guerra, todavía tenia esa ilusión de la juventud, de que todo va a cambiar a mejor, de luchar por un futuro. Allí estaba, embarazada de un amor fortuito, de un amor de paso, violento y sin pensar. Sin estar casada, aquello era un deshonor, una vergüenza para una familia humilde y sin más posesiones que el honor.
Llevada una mañana al convento con las especificaciones concretas de que aquello era producto del pecado y tenia que ser despojado como tal. Una vez habiendose producido el alumbramiento, ese niño debía llevarse a satisfacer a alguna familia cristiana para que se restableciera el orden de lo impuro con lo puro, lo maligno por lo sagrado. Adela lo sabia. Entendía que había jugado mal sus cartas y este era el precio que tenia que pagar. Pero todo eso no le hacia que le gustara la idea de dejar de ser madre en el momento de serlo.
Después de varios meses en el convento, aquella mañana el padre de Adela le estaba esperando en la puerta. Ella salia con una cara diferente. La alegría de su mirada se había perdido. Su gesto era duro y triste. Su cuerpo grande y deformado por la maternidad no tenia su premio. Sus brazos estaban vacíos. Su mente estaba ausente. Su padre le miro e ignorando al fantasma que llevaba a su lado, suspiro tranquilo. Su conciencia y su orgullo estaban tan limpios como la atmósfera de la mañana.
"Lo mejor para ti es que te cases pronto" Le dijo su madre al llegar a casa. "El hijo de la Eugenia esta soltero y no se le conoce novia desde hace mucho tiempo. la madre esta desesperada. Puede ser un matrimonio caído del cielo" Adela sabia que Esteban era un poco raro. Nunca se le había conocido novia. A ella le daba igual. Ella no quería saber nada mas de hombres. Le habían arrebatado un hijo, y el amor con él. Ya no quería querer ni ser querida nunca más. No se creía con ese derecho de ser feliz. Su hijo se había llevado todo su amor y felicidad con él.
Allí estaba, en el día de su boda. Sus padres contentos. Los padres de su futuro marido más contentos todavia. Después de la ceremonia se subieron al coche. Ella nunca había hablado con él. De repente se giro hacia ella y le dijo "Se de tu entrada al convento y de tu hijo fuera del matrimonio. No te preocupes. No te repudio, pero quiero que sepas que yo también traigo alguna sorpresa a este matrimonio. Veras......me gustan los hombres. Tengo un novio al que quiero mucho, pero mis padres no lo han aceptado nunca. Se que nuestro matrimonio no es por amor, por eso te lo digo" Adela le cogió de la mano "No te preocupes Esteban. A mi no me gustan los hombres". Se miraron a los ojos y sonrieron. Quizá esta boda no ha sido tan mala idea.
sábado, 22 de diciembre de 2012
De aqui para alla
Andando por la parte derecha de la carretera sacaba el dedo pulgar esperando a que alguna alma bondadosa le parase para llegar al próximo pueblo. Su aspecto era sucio y sus maneras apuntaban que se había bebido alguna cerveza que otra. Algo nada seguro y totalmente desaconsejado en cualquier manual de autoestopista pero a ella le daba igual. Hacia mucho tiempo que todo le había dejado de importar. Corría cada vez mas, de una vida que le daba arcadas, hacia otra que le daba más asco todavía.
Llevaba la guitarra colgada a la espalda. Era lo único que le importaba en la vida y su modo de vivir. Solía convencer a los clubs para que la dejaran tocar. Tenia una voz muy peculiar, rasgada, muy a lo Janis Joplin. Las letras eran lo suficientemente buenas para que su aspecto no importara demasiado. De hecho le daba hasta mas credibilidad. Sus letras cantaban lo torturada que había sido su vida y como le había enseñado la experiencia a que si algo podía ir a peor lo iba a hacer. Su vida no era un camino de rosas.
Cuando acababa la función se sentaba en el bar con la gente. Les gustaba comentar con los clientes lo que les había parecido la actuación. Siempre había almas caritativas que le invitaban a una copa. Lo poco que le daban en el club le daba para pagarse una habitación en un motel y así poder seguir el día siguiente de la misma manera. Este era su modo de vida y así le gustaba ser.
"Eres una mujer que aunque castigada, se te ve muy atractiva. ¿Por que no cambias? ¿Por que no te asientas en una ciudad, consigues un trabajo, una pareja estable? Todavía seras joven hasta para formar una familia" Le comentaban de vez en cuando algún cliente. "No te precoupes por mi" contestaba ella "Llevo tanto tiempo corriendo que ya no se como parar. O bueno, a lo mejor se que sabría, pero me da miedo. De momento me va bien. Todo lo malo que me ha pasado en la vida me ha pillado cuando estaba parada, cuando estaba más tranquila. Lo malo ha venido como un coyote, sigiloso y me ha pillado desprevenida. Ahora corro siempre. Me sigue pillando, pero menos...." y sonreía con una tímida risita. Risa que se convertía en carcajada al ver que todos estaban callados. Reía fuerte para asustar al miedo.
Al dia siguiente, después de levantarse se miro en el espejo y se vio tan envejecida que casi que no se reconoció. "Vivir de aqui para allá no es vida para una mujer. Eso de la música y esas ilusiones de ser una artista te van a llevar a la muerte". Las palabras de su madre las tenia grabadas a fuego y de vez en cuando le hablaban, sobre todo cuando se miraba al espejo. Se pego una ducha, cogió sus bártulos y se encendió un cigarrillo. Miro las monedas que le quedaban en el bolsillo."Bueno, para un café me queda" se dijo, mientras se aseguraba que todas las pertenencias las llevaba consigo.
Cuando fue a dejar la llave pregunto por un sitio cercano para tomar un café. Allí le mostraron la cafetería-bar de enfrente. Ella se acerco hasta allí y se sentó en la barra. Al lado había un hombre que no paraba de mirarla de arriba a abajo. Se le acerco y le pregunto "Guapa, ¿necesitas ir a algún sitio?" El tipo tenia una pinta extraña, pero la verdad es que le venia bien alguien que la llevase al pueblo de al lado. "Me acabas de leer la mente" El hombre dijo" No te preocupes, ya pago yo" y cuando le dio las monedas al camarero le guiño el ojo con una sonrisa picara. Ella no lo vio, pero de repente un olor extraño le vino a la nariz y enseguida lo reconoció. El coyote se le acercaba por la espalda. Un escalofrío le recorrió el cuerpo.
Llevaba la guitarra colgada a la espalda. Era lo único que le importaba en la vida y su modo de vivir. Solía convencer a los clubs para que la dejaran tocar. Tenia una voz muy peculiar, rasgada, muy a lo Janis Joplin. Las letras eran lo suficientemente buenas para que su aspecto no importara demasiado. De hecho le daba hasta mas credibilidad. Sus letras cantaban lo torturada que había sido su vida y como le había enseñado la experiencia a que si algo podía ir a peor lo iba a hacer. Su vida no era un camino de rosas.
Cuando acababa la función se sentaba en el bar con la gente. Les gustaba comentar con los clientes lo que les había parecido la actuación. Siempre había almas caritativas que le invitaban a una copa. Lo poco que le daban en el club le daba para pagarse una habitación en un motel y así poder seguir el día siguiente de la misma manera. Este era su modo de vida y así le gustaba ser.
"Eres una mujer que aunque castigada, se te ve muy atractiva. ¿Por que no cambias? ¿Por que no te asientas en una ciudad, consigues un trabajo, una pareja estable? Todavía seras joven hasta para formar una familia" Le comentaban de vez en cuando algún cliente. "No te precoupes por mi" contestaba ella "Llevo tanto tiempo corriendo que ya no se como parar. O bueno, a lo mejor se que sabría, pero me da miedo. De momento me va bien. Todo lo malo que me ha pasado en la vida me ha pillado cuando estaba parada, cuando estaba más tranquila. Lo malo ha venido como un coyote, sigiloso y me ha pillado desprevenida. Ahora corro siempre. Me sigue pillando, pero menos...." y sonreía con una tímida risita. Risa que se convertía en carcajada al ver que todos estaban callados. Reía fuerte para asustar al miedo.
Al dia siguiente, después de levantarse se miro en el espejo y se vio tan envejecida que casi que no se reconoció. "Vivir de aqui para allá no es vida para una mujer. Eso de la música y esas ilusiones de ser una artista te van a llevar a la muerte". Las palabras de su madre las tenia grabadas a fuego y de vez en cuando le hablaban, sobre todo cuando se miraba al espejo. Se pego una ducha, cogió sus bártulos y se encendió un cigarrillo. Miro las monedas que le quedaban en el bolsillo."Bueno, para un café me queda" se dijo, mientras se aseguraba que todas las pertenencias las llevaba consigo.
Cuando fue a dejar la llave pregunto por un sitio cercano para tomar un café. Allí le mostraron la cafetería-bar de enfrente. Ella se acerco hasta allí y se sentó en la barra. Al lado había un hombre que no paraba de mirarla de arriba a abajo. Se le acerco y le pregunto "Guapa, ¿necesitas ir a algún sitio?" El tipo tenia una pinta extraña, pero la verdad es que le venia bien alguien que la llevase al pueblo de al lado. "Me acabas de leer la mente" El hombre dijo" No te preocupes, ya pago yo" y cuando le dio las monedas al camarero le guiño el ojo con una sonrisa picara. Ella no lo vio, pero de repente un olor extraño le vino a la nariz y enseguida lo reconoció. El coyote se le acercaba por la espalda. Un escalofrío le recorrió el cuerpo.
sábado, 24 de noviembre de 2012
Soledad
Mientras miraba las fotos, su mirada se quedaba en blanco. Se levanto un instante para coger el paquete de cigarrillos y mientras se encendía uno, cogío una foto y se apoyó en el respaldo de la silla. La foto tenia tanta vida que podía transportarse a aquel mismo instante sin pensarlo. Podía oír las risas de aquella gran sonrisa y podía ver el pestañear de aquellos ojos tan brillantes que le devolvian la mirada. Aquella sonrisa enigmática que le hizo volverse loco tantísimas veces.
Ahora todo aquello formaba parte del pasado. Aunque aquellas fotos eran atemporales en papel físico y en su alma, sabia que nunca más se iban a repetir, y aquello le rompía el corazón de tal manera que sus ojos habían dejado de tener vida desde hacia meses y habían dejado de llorar de tanto dolor.
Por su culpa. Todo había sido su culpa. Había dejado que la monotonía confundiera amor y pasión. Dejo que la pereza y las ganas de acabar con la rutina lo rompiera todo y lo exterminara como un campo de minas. Sabia que había roto la magia del amor, ese algo tan sutil que no se sabe como aparece pero que tan frágil es que cuando esta unida es muy fuerte pero cuando se rompe no hay pegamento que lo pueda unir.
Aun maldice aquella embriaguez de pasión que hizo que todo mereciera la pena, que le hizo ajeno al dolor del amor verdadero y egoísta a sus pasiones más bajas. La pasión era lo más importante, pensando que incluso era más importante que el amor. Pero cuando la pasión se seco no quedo nada. Era un paisaje desolador de vació y muerte donde el alma gritaba y el pecho se sentia vacío, sin esperanza y con un montón de recuerdos.
Ya era demasiado tarde. Ya no se puede dar marcha atrás. Ya esta todo roto. Ya esta todo el daño hecho. Ya solo le queda aprender del error y aprender a amar bien. El darse cuenta que el amor de verdad no se puede reemplazar y deja herida de muerte al saberse que no va a tenerse de nuevo. Y mientras coge la guitarra sus dedos tocan una melodía triste pero llena de sentimiento. La guitarra llora por esos ojos secos.
Y mientras el día va amaneciendo y la luz entra por la ventana, él deja la guitarra y mira el sol. Vuelve a sacar otro cigarrillo y le da un sorbo al whisky que le queda en el vaso. Su cara esta arrugada, no de mayor, sino de cansado. Cansancio de no dormir y de no soñar. Cansado de verse solo en una casa llena de recuerdos, tan llena que no deja que entre ninguno más. "Todo esto pasará" piensa él, en un amago de darse ánimos, pero la sonrisa que aparece en su cara no es de esperanza, sino sarcástica. Sabe que lo que ha perdido es más importante que nada de lo que le pueda pasar desde ahora. Apaga la luz y cierra los ojos.
Ahora todo aquello formaba parte del pasado. Aunque aquellas fotos eran atemporales en papel físico y en su alma, sabia que nunca más se iban a repetir, y aquello le rompía el corazón de tal manera que sus ojos habían dejado de tener vida desde hacia meses y habían dejado de llorar de tanto dolor.
Por su culpa. Todo había sido su culpa. Había dejado que la monotonía confundiera amor y pasión. Dejo que la pereza y las ganas de acabar con la rutina lo rompiera todo y lo exterminara como un campo de minas. Sabia que había roto la magia del amor, ese algo tan sutil que no se sabe como aparece pero que tan frágil es que cuando esta unida es muy fuerte pero cuando se rompe no hay pegamento que lo pueda unir.
Aun maldice aquella embriaguez de pasión que hizo que todo mereciera la pena, que le hizo ajeno al dolor del amor verdadero y egoísta a sus pasiones más bajas. La pasión era lo más importante, pensando que incluso era más importante que el amor. Pero cuando la pasión se seco no quedo nada. Era un paisaje desolador de vació y muerte donde el alma gritaba y el pecho se sentia vacío, sin esperanza y con un montón de recuerdos.
Ya era demasiado tarde. Ya no se puede dar marcha atrás. Ya esta todo roto. Ya esta todo el daño hecho. Ya solo le queda aprender del error y aprender a amar bien. El darse cuenta que el amor de verdad no se puede reemplazar y deja herida de muerte al saberse que no va a tenerse de nuevo. Y mientras coge la guitarra sus dedos tocan una melodía triste pero llena de sentimiento. La guitarra llora por esos ojos secos.
Y mientras el día va amaneciendo y la luz entra por la ventana, él deja la guitarra y mira el sol. Vuelve a sacar otro cigarrillo y le da un sorbo al whisky que le queda en el vaso. Su cara esta arrugada, no de mayor, sino de cansado. Cansancio de no dormir y de no soñar. Cansado de verse solo en una casa llena de recuerdos, tan llena que no deja que entre ninguno más. "Todo esto pasará" piensa él, en un amago de darse ánimos, pero la sonrisa que aparece en su cara no es de esperanza, sino sarcástica. Sabe que lo que ha perdido es más importante que nada de lo que le pueda pasar desde ahora. Apaga la luz y cierra los ojos.
jueves, 1 de noviembre de 2012
La antimadre
Vestida de blanco, con un camisón largo, comprado en unos grandes almacenes aconsejada por todas sus amigas que habían sido mamas hacia unos años. "El blanco es el mejor. Piensa que lo vas a utilizar mucho en el hospital. Mejor blanco por que se puede meter en lejía. Ya sabes lo difícil que es quitar las manchas de sangre." Quienes mejor que las madres para aconsejarla en estos menesteres.
Mientras coge el cuchillo recuerda la primera vez que fue a la consulta. "Sientate Sara. Lo que te tengo que contar no es fácil. A ver.....tienes una malformación congénita en el utero. Eso te va a impedir tener hijos. Hoy por hoy hay muchas alternativas, como la adopción." Sara no se podía creer lo que estaba escuchando. Desde pequeña su sueño había sido ser madre. Ese milagro de la naturaleza de poder crear vida en tu cuerpo. El regalo de poder gestar y sentir una persona dentro de ti, una persona con tu adn, una miniversión de ti mismo.
Mientras corta el trozo de carne de su plato las gotas de sangre gotean en su vestido blanco. Sigue recordando aquel día tan importante en su vida. Como las palabras de su ginecólogo se agolpaban en su cabeza y como su mente rechazaba todas las palabras que estaba oyendo. Aquello era imposible. Su único sueño roto en mil pedazos. No podía ser real que no tuviera la oportunidad de ser la madre perfecta. Aquella madre que daba vida, que cuidaba, que amaba, que egoistamente daba vida para dársela a ella misma y hacerse inmortal.
Mientras comía el trozo de carne lo saboreaba al máximo. Era como si cada pedazo que se ponía a la boca tuviera la función de saciarla. Pero no un saciar físico solo, sino también buscaba saciar el alma.
Desde aquel día había asistido a muchas visitas de psicólogos para poder poner fin a todas las voces en su cabeza. Unas voces que no paraban. Que le decían que ella había nacido para ser la perfecta madre. Ninguna propuesta, ninguna solución dada era la correcta. Harta de todos los consejos e ideas estúpidas, decidió hacer lo que le parecía mas lógico.
Mientras tragaba los trozos de carne las lágrimas acudían a sus ojos. Lágrimas de perfección. Finalmente estaba cumpliendo su cometido. Finalmente estaba sintiendo esa misma emoción. Ya que no podía ser la perfecta madre iba a ser la perfecta antimadre. Iba a hacer el camino al contrario. Iba a quitar vidas en vez de darlas y en vez de formar cuerpos dentro de si, iba a engullirlos para tenerlos dentro de su cuerpo también. Ese momento donde ese cuerpo estaba dentro de si era el momento de paz que ella buscaba, esa comunión de cuerpos que añoraba de manera natural y que ella recreaba para buscar ese momento de felicidad que tienen las madres al sentir un cuerpo dentro de ellas.
Apartando el cuerpo sin vida que yacia en el suelo se sento en el sofa. Mientras su estomago digería la carne, ella se reclinaba y se tocaba la barriga. "Por fin estas hay, dentro de mi. Te quiero tanto. Eres mi hijo. Mi hijo perfecto. Y yo soy tu perfecta antimadre"
Mientras coge el cuchillo recuerda la primera vez que fue a la consulta. "Sientate Sara. Lo que te tengo que contar no es fácil. A ver.....tienes una malformación congénita en el utero. Eso te va a impedir tener hijos. Hoy por hoy hay muchas alternativas, como la adopción." Sara no se podía creer lo que estaba escuchando. Desde pequeña su sueño había sido ser madre. Ese milagro de la naturaleza de poder crear vida en tu cuerpo. El regalo de poder gestar y sentir una persona dentro de ti, una persona con tu adn, una miniversión de ti mismo.
Mientras corta el trozo de carne de su plato las gotas de sangre gotean en su vestido blanco. Sigue recordando aquel día tan importante en su vida. Como las palabras de su ginecólogo se agolpaban en su cabeza y como su mente rechazaba todas las palabras que estaba oyendo. Aquello era imposible. Su único sueño roto en mil pedazos. No podía ser real que no tuviera la oportunidad de ser la madre perfecta. Aquella madre que daba vida, que cuidaba, que amaba, que egoistamente daba vida para dársela a ella misma y hacerse inmortal.
Mientras comía el trozo de carne lo saboreaba al máximo. Era como si cada pedazo que se ponía a la boca tuviera la función de saciarla. Pero no un saciar físico solo, sino también buscaba saciar el alma.
Desde aquel día había asistido a muchas visitas de psicólogos para poder poner fin a todas las voces en su cabeza. Unas voces que no paraban. Que le decían que ella había nacido para ser la perfecta madre. Ninguna propuesta, ninguna solución dada era la correcta. Harta de todos los consejos e ideas estúpidas, decidió hacer lo que le parecía mas lógico.
Mientras tragaba los trozos de carne las lágrimas acudían a sus ojos. Lágrimas de perfección. Finalmente estaba cumpliendo su cometido. Finalmente estaba sintiendo esa misma emoción. Ya que no podía ser la perfecta madre iba a ser la perfecta antimadre. Iba a hacer el camino al contrario. Iba a quitar vidas en vez de darlas y en vez de formar cuerpos dentro de si, iba a engullirlos para tenerlos dentro de su cuerpo también. Ese momento donde ese cuerpo estaba dentro de si era el momento de paz que ella buscaba, esa comunión de cuerpos que añoraba de manera natural y que ella recreaba para buscar ese momento de felicidad que tienen las madres al sentir un cuerpo dentro de ellas.
Apartando el cuerpo sin vida que yacia en el suelo se sento en el sofa. Mientras su estomago digería la carne, ella se reclinaba y se tocaba la barriga. "Por fin estas hay, dentro de mi. Te quiero tanto. Eres mi hijo. Mi hijo perfecto. Y yo soy tu perfecta antimadre"
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