Al llegar a casa, sigilosamente, se metió en el cuarto de baño. Él la esperaba despierto en la cama, pero en cuanto ella entró en la habitación se hizo el dormido. Ella se metió en la cama rápidamente y después de ver que él estaba roncando, se giro hacia su lado de la cama y se quedo mirando fijamente hacia la ventana. Su corazón latía muy deprisa y ella intentaba acallarlo respirando lentamente.
Su vida había cambiado tanto desde hacia unos meses que no parecía la misma. Su vitalidad, su belleza, su seguridad.....todo había vuelto por arte de magia. Sabia que todos estos cambios jugaban en su contra. Era demasiado obvio que toda esta felicidad salia de algún sitio, pero a ella ya le daba igual. Ella era feliz.
Habían quedado en la cafetería donde solían quedar a tomar café. Estaba en una parte apartada de la ciudad. Allí nadie les conocía y podían dar rienda suelta a miradas complices, roces de manos y silencios sonrientes. La mano de él le dio un papel garabateado con unos dibujos. Ella al abrir el papel se sonrojo y tapándose la boca soltó una carcajada. Los dos rieron un rato y ella mirándose el reloj le dijo que pidiera la cuenta y asi iba al lavabo. Mientras se retocaba el pelo y se pintaba los labios, se atusaba la falda y la blusa para que todo estuviera en su lugar. Al salir una mano le cogió por sorpresa y le empujo al rincón. Se fundieron en un beso mientras él le manoseaba en estos breves minutos de clandestinidad.
Primero salió ella de la cafeteria. Luego él espero un rato, sorbiendo las últimas gotas del café. Miró su reloj. Cuando le vio entrar por la puerta le señalo para que se dirigiera hacia él.
"¿Me pones un café cuando puedas?. Hola Luis. ¿Como va?". Él se sentó en la silla que había dejado vacía ella. "¿Has traído el dinero?"pregunto Luis. "Si. ¿como va el asunto?" Luis se quedo en silencio. "No quiero seguir haciendo esto" "¿Que dices Luis? Ahora no podemos parar. Ya te dije que esto podía tener sus riesgos" "Estas loco. ¿Como puedes pagarme por estar con tu mujer?. No quiero ser participe de esto. Ella vale mucho. Me voy. Ni tu ni ella volveréis a saber de mi."
Él vio salir a Luis y se quedo en silencio. Allí se iba el final de su historia, de su maléfico plan. El plan que salió como una posible solución a su problema. El problema del hastio, de la pasividad de su mujer hacia él. Sabia que si le devolvía la ilusión, ella volvería a estar viva. La prefería así compartida, que muerta para él solo. Sabia que si él decía quien y cuando, en cierta forma estaba manejando la situación. Lo que no había pensado es que él se enamoraría de ella y que el plan se iría al traste.
Mientras volvía a casa, allí estaba su mujer, preparando la comida. Ella estaba tarareando una melodía mientras iba lavando los platos. Al verlo se giró y le dio un beso. "¿Quieres ver el vestido que me he comprado esta mañana?" Él asintió con la cabeza. Mientras ella se iba contenta a la habitación, él se quedo triste.
Mi historias tienen banda sonora, asi que recuerda: antes de empezar a leer, da al play del video.
martes, 11 de junio de 2013
jueves, 6 de junio de 2013
Una irrealidad real
Frágiles. Frágiles de pensamiento, de existencia, de vida. A un homo-erectus "por que yo puedo" se le ha mutado una nueva especie. El homo-fragilius "¿Y ahora que hago?". Una especie que parece que va en vías de extinción por culpa de su fragilidad y poca resistencia al medio. Y si parece que la anterior especie era mas depredadora y dejo exterminada a otras especies en desigualdad, esta especie frágil de naturaleza, no ve posible el superar los obstáculos de la madre naturaleza.
Se están intentando poner varias soluciones a este problema. Científicos con batas blancas, están desde hace meses metidos en sus laboratorios, intentando buscar una solución. Tienen miedo que toda una especie entera se desplome de la cadena de un plumazo y no saben que hacer.
Han descubierto los orígenes de la fragilización de esta especie. Le han llamado el sindrome de la especie burbuja. A grandes rasgos nos cuenta uno de los científicos más notables "... es una especie con claros matices destructivos, donde impera el miedo, la falta de motivación, la espera a la solución ajena de los problemas propios y la perdida de ilusión. Sin todas estas claves esta especie se autodestruira poco a poco, solo sobreviviendo los que cambien su ideología. Pero claro, ya no serán parte del homo-fragilius per se. Serian una nueva especie a la que todavía no nos hemos atrevido a poner nombre.....bueno, estamos barajando varias probabilidades, pero todavía no podemos dar nombres exactos. Perdonen pero tengo que volver a mi laboratorio".
Con todo esto, me llaman al móvil "Enciende la tele. Pon el telediario". En imagenes poco claras se ve un grupo de gente con parcantas. Es el movimiento de "salvación", donde proponen salvar a la especie fletando un barco y marchándose todos a las isla Rotoroa, una isla cercana a Nueva Zelanda, donde antiguamente fue comprada por el ejercito de Salvación para gente con problemas de alcohol y drogas. Muchos de ellos padecen estos problemas, así que han pensado que para sobrevivir a estos tiempos, lo mejor es marcharse a un terreno menos hostil y empezar de nuevo.
No me parecía una mala idea lo de marcharse a una isla deshabitada y empezar de nuevo. ¿Se quitarían por fin los miedos o crearian nuevos? ¿Se sentirían motivados a crear una nueva civilización o se cansarían al primer obstáculo? Todo esto esta por ver. También tengo que interiorizar dentro de mi y saber que especie soy. ¿Soy de los homo-erectus "por que puedo", de los homo-fragilius o de la nueva especie que esta saliendo y de la cual no hay nombre todavía?¿Puedo elegir de que especie quiero ser o ya me viene de fabrica? El futuro cercano nos ira trayendo respuesta a todo esto. Permanezcan concectados
Se están intentando poner varias soluciones a este problema. Científicos con batas blancas, están desde hace meses metidos en sus laboratorios, intentando buscar una solución. Tienen miedo que toda una especie entera se desplome de la cadena de un plumazo y no saben que hacer.
Han descubierto los orígenes de la fragilización de esta especie. Le han llamado el sindrome de la especie burbuja. A grandes rasgos nos cuenta uno de los científicos más notables "... es una especie con claros matices destructivos, donde impera el miedo, la falta de motivación, la espera a la solución ajena de los problemas propios y la perdida de ilusión. Sin todas estas claves esta especie se autodestruira poco a poco, solo sobreviviendo los que cambien su ideología. Pero claro, ya no serán parte del homo-fragilius per se. Serian una nueva especie a la que todavía no nos hemos atrevido a poner nombre.....bueno, estamos barajando varias probabilidades, pero todavía no podemos dar nombres exactos. Perdonen pero tengo que volver a mi laboratorio".
Con todo esto, me llaman al móvil "Enciende la tele. Pon el telediario". En imagenes poco claras se ve un grupo de gente con parcantas. Es el movimiento de "salvación", donde proponen salvar a la especie fletando un barco y marchándose todos a las isla Rotoroa, una isla cercana a Nueva Zelanda, donde antiguamente fue comprada por el ejercito de Salvación para gente con problemas de alcohol y drogas. Muchos de ellos padecen estos problemas, así que han pensado que para sobrevivir a estos tiempos, lo mejor es marcharse a un terreno menos hostil y empezar de nuevo.
No me parecía una mala idea lo de marcharse a una isla deshabitada y empezar de nuevo. ¿Se quitarían por fin los miedos o crearian nuevos? ¿Se sentirían motivados a crear una nueva civilización o se cansarían al primer obstáculo? Todo esto esta por ver. También tengo que interiorizar dentro de mi y saber que especie soy. ¿Soy de los homo-erectus "por que puedo", de los homo-fragilius o de la nueva especie que esta saliendo y de la cual no hay nombre todavía?¿Puedo elegir de que especie quiero ser o ya me viene de fabrica? El futuro cercano nos ira trayendo respuesta a todo esto. Permanezcan concectados
domingo, 28 de abril de 2013
Oscuridad
La calle estaba vacía. Solo se oían sus pasos rápidos chapoteando con las gotas de agua del suelo. Sus manos estaban resguardadas en los bolsillos de su abrigo y su cabeza no paraba de pensar. Estaba harta de sentirse culpable de una situación que le hacia ser feliz. De una situación que la estaba sacando de un pozo oscuro donde hacia tiempo que se estaba ahogando, y lo malo es que aunque estaba pidiendo la mano a todos, nadie se la tendía. La miraban ahogarse poco a poco y complacidos, miraban pensando "Si. Ahogate. Nosotros ya lo hicimos hace tiempo. Ahora te toca a ti" y ella los miraba con ojos abiertos, no entendiendo el juego sucio de la vida.
Nadie le había explicado que llega un momento en la vida en que te ahogas. Y quizá la gente piense que estas exagerando por que desde fuera el sol siempre brilla más fuerte y los problemas se ven mas livianos, pero ella no podía aguantar mas. No podía soportar que aunque estaba gritando la gente no se giraba y que cuando lo hacían y la veían agonizando, se giraban con una mueca diciendo que no era para tanto. Y ella se quedaba allí, de pie, sola, vacía, defraudada, sin creerse que esa era la vida que tenia que vivir para siempre.
Cuando más se hundía, casi a punto de ahogarse del todo y cerrar sus ojos a su muerte, de repente, una mano salió desde ninguna parte. Cuando se agarró a ella, vio que era una cara desconocida. Era una cara amable, honesta, que por fin la veía con ojos reales, que la miraban preguntándose por que se estaba ahogando, por que estaba sola en ese pozo oscuro. Ella no lo conocía, pero sus ojos vieron en los de él un oasis perdido, una paz que anhelaba desde hacia tiempo.
Él la cogió de la mano y la abrazo, de una manera que ya había olvidado. Mientras lo hacían, la gente les miraba y sus ojos veían con suciedad lo que era un acto heroico. Veían que ella era una cobarde por no haberse quedado en el pozo y haber sido una martir, como todos ellos. Sus caras grises miraban mal este acto de valentía, por que a ellos no había venido nadie a salvarlos. Lo que ellos no sabían es que si él la había salvado, él tendría que unirse con ella en el pozo y hundirlos a los dos juntos.
Ella volvía a respirar en sus brazos y él se sentía tan necesitado que no podía dejar de abrazarla. Su voz era música celestial para sus oídos. Ella le pedía que no le dejara nunca, que no dejara de abrazarla. Sin él volvería al pozo donde la había encontrado, pero esta vez su caída seria tan fuerte que no volvería a salir más. Él le prometía que no lo haría, pero los ojos de la gente le miraban tan fuerte que le hacían daño. Sabia que no podía dejarla morir, pero si no lo hacia, le iban a matar a él también.
Mientras seguía caminando, pensaba en él y su cara se iluminaba. "Me ha dicho que esta noche vendrá a buscarme. Que prepare todo que nos vamos. Me da igual todo. Solo sé que soy feliz. Que si estoy sin él no puedo vivir" Llegando a casa, recibió un mensaje al móvil. "No puedo ir. He estado pensando que esto no es tan buena idea. Tu lo sabes también. Creo que es mejor que dejemos de vernos por un tiempo. Lo siento". El móvil se le resbalo de sus manos. Sus ojos se quedaron en blanco, su cuerpo se debilitó tanto que cayó de rodillas al suelo. Poco a poco, su cuerpo empezó a caer en ese pozo, y aunque decía su nombre y se intentaba agarrar a las paredes, poco a poco la luz de sus ojos se fue yendo, hasta que la oscuridad fue total.
Rauelsson - Fluvial from sonic pieces on Vimeo.
Nadie le había explicado que llega un momento en la vida en que te ahogas. Y quizá la gente piense que estas exagerando por que desde fuera el sol siempre brilla más fuerte y los problemas se ven mas livianos, pero ella no podía aguantar mas. No podía soportar que aunque estaba gritando la gente no se giraba y que cuando lo hacían y la veían agonizando, se giraban con una mueca diciendo que no era para tanto. Y ella se quedaba allí, de pie, sola, vacía, defraudada, sin creerse que esa era la vida que tenia que vivir para siempre.
Cuando más se hundía, casi a punto de ahogarse del todo y cerrar sus ojos a su muerte, de repente, una mano salió desde ninguna parte. Cuando se agarró a ella, vio que era una cara desconocida. Era una cara amable, honesta, que por fin la veía con ojos reales, que la miraban preguntándose por que se estaba ahogando, por que estaba sola en ese pozo oscuro. Ella no lo conocía, pero sus ojos vieron en los de él un oasis perdido, una paz que anhelaba desde hacia tiempo.
Él la cogió de la mano y la abrazo, de una manera que ya había olvidado. Mientras lo hacían, la gente les miraba y sus ojos veían con suciedad lo que era un acto heroico. Veían que ella era una cobarde por no haberse quedado en el pozo y haber sido una martir, como todos ellos. Sus caras grises miraban mal este acto de valentía, por que a ellos no había venido nadie a salvarlos. Lo que ellos no sabían es que si él la había salvado, él tendría que unirse con ella en el pozo y hundirlos a los dos juntos.
Ella volvía a respirar en sus brazos y él se sentía tan necesitado que no podía dejar de abrazarla. Su voz era música celestial para sus oídos. Ella le pedía que no le dejara nunca, que no dejara de abrazarla. Sin él volvería al pozo donde la había encontrado, pero esta vez su caída seria tan fuerte que no volvería a salir más. Él le prometía que no lo haría, pero los ojos de la gente le miraban tan fuerte que le hacían daño. Sabia que no podía dejarla morir, pero si no lo hacia, le iban a matar a él también.
Mientras seguía caminando, pensaba en él y su cara se iluminaba. "Me ha dicho que esta noche vendrá a buscarme. Que prepare todo que nos vamos. Me da igual todo. Solo sé que soy feliz. Que si estoy sin él no puedo vivir" Llegando a casa, recibió un mensaje al móvil. "No puedo ir. He estado pensando que esto no es tan buena idea. Tu lo sabes también. Creo que es mejor que dejemos de vernos por un tiempo. Lo siento". El móvil se le resbalo de sus manos. Sus ojos se quedaron en blanco, su cuerpo se debilitó tanto que cayó de rodillas al suelo. Poco a poco, su cuerpo empezó a caer en ese pozo, y aunque decía su nombre y se intentaba agarrar a las paredes, poco a poco la luz de sus ojos se fue yendo, hasta que la oscuridad fue total.
Rauelsson - Fluvial from sonic pieces on Vimeo.
miércoles, 27 de marzo de 2013
Tango
El día era gris y el olor húmedo del mar se metía en todos los poros del cuerpo. Las gaviotas, enfadadas, pedían la exclusividad de su territorio desde el cielo. La soledad del mar es inmensa, ofreciendo su compás a ritmo de tango, para que se baile agarrado de su espuma. Sin violencia, sin querer estar por encima. No, eso no le gusta al mar. Le gusta que se disfrute, que te dejes acariciar. Solo cuando quieres tú estar por encima, el mar se rebela y te arrastra.
Se encontraron hace tantos años que no se acordaba hacia cuanto. Sus primer baile fue un tango. Un baile lleno de pasión, donde los músicos con los ojos cerrados interpretaban un pieza lenta, llena de sentimiento. Él la cogió de la cintura y sin parar de mirarla a los ojos, la arrastraba de una parte a otra de la sala, con tal dominio que ella, sin saber donde poner los pies no se choco nunca con los suyos. Sus caras estuvieron tan cerca que sus alientos eran uno. Aquella noche no existía el tiempo, el lugar ni la razón. Solo el ritmo de la música confundiendose con los latidos de sus corazones.
Mientras lanzaba una piedra al mar, sus pensamientos volvían a ese olor a algas marinas, a sal. Ese olor que le traía a la mente el olor de él. Cuantos tangos bailaron más después de aquel primero, todos con la misma pasión. Aquello se convirtió en su forma particular de seducción. Cuantas veces habían ido, después de bailar a aquella playa, cerca del mismo punto donde se encontraba hoy ella. Aquí habían seguido bailando, a la luz de la luna. Un baile distinto, pero al fin y al cabo otro baile.
Se había girado el viento y le entro un escalofrío. Escalofrío de tanto recuerdo, de darse cuenta que aquellos momentos no se volverían a repetir. Aquel amor de juventud era especial por la frescura, por las sensaciones primeras, por la inconsciencia de no tener nada que perder, por pensar que va a durar siempre, por el amor sin interés, blanco, puro, donde la expresión "hacer el amor" es real.
Dio un respiro hondo y cerro los ojos. A pesar de sentirse tan sola como su amada playa, daba las gracias por todo lo que había vivido. Daba gracias por aquellos tangos bailados con el corazón, por aquel amor vivido en su juventud. Se toco la cara y no se reconocía las arrugas. Desde hacia unos años no se reconocía en esa mujer mayor que se miraba al espejo. No le gustaba mirarse al espejo ni hacerse fotos. Ella quería seguir manteniendo intacta la memoria de su aspecto real, el de su alma.
Un coche aparcado tenia de música de fondo al maestro Astor Piazzola y sus ojos se cerraron para hacer el recuerdo más real. Se puso su mano izquierda en la cintura y levanto su mano derecha a un hombro fantasma. Ese fantasma del recuerdo que todavía vivía en su mente. Tarareando la canción en voz baja sus piernas se movieron al compás. El dueño del coche, que lo estaba limpiando, paró para observar a la mujer bailando sola. Su camisa bailaba con el viento y su cara esbozaba una sonrisa. Una imagen tan bella que no podía parar de observarla.
Se encontraron hace tantos años que no se acordaba hacia cuanto. Sus primer baile fue un tango. Un baile lleno de pasión, donde los músicos con los ojos cerrados interpretaban un pieza lenta, llena de sentimiento. Él la cogió de la cintura y sin parar de mirarla a los ojos, la arrastraba de una parte a otra de la sala, con tal dominio que ella, sin saber donde poner los pies no se choco nunca con los suyos. Sus caras estuvieron tan cerca que sus alientos eran uno. Aquella noche no existía el tiempo, el lugar ni la razón. Solo el ritmo de la música confundiendose con los latidos de sus corazones.
Mientras lanzaba una piedra al mar, sus pensamientos volvían a ese olor a algas marinas, a sal. Ese olor que le traía a la mente el olor de él. Cuantos tangos bailaron más después de aquel primero, todos con la misma pasión. Aquello se convirtió en su forma particular de seducción. Cuantas veces habían ido, después de bailar a aquella playa, cerca del mismo punto donde se encontraba hoy ella. Aquí habían seguido bailando, a la luz de la luna. Un baile distinto, pero al fin y al cabo otro baile.
Se había girado el viento y le entro un escalofrío. Escalofrío de tanto recuerdo, de darse cuenta que aquellos momentos no se volverían a repetir. Aquel amor de juventud era especial por la frescura, por las sensaciones primeras, por la inconsciencia de no tener nada que perder, por pensar que va a durar siempre, por el amor sin interés, blanco, puro, donde la expresión "hacer el amor" es real.
Dio un respiro hondo y cerro los ojos. A pesar de sentirse tan sola como su amada playa, daba las gracias por todo lo que había vivido. Daba gracias por aquellos tangos bailados con el corazón, por aquel amor vivido en su juventud. Se toco la cara y no se reconocía las arrugas. Desde hacia unos años no se reconocía en esa mujer mayor que se miraba al espejo. No le gustaba mirarse al espejo ni hacerse fotos. Ella quería seguir manteniendo intacta la memoria de su aspecto real, el de su alma.
Un coche aparcado tenia de música de fondo al maestro Astor Piazzola y sus ojos se cerraron para hacer el recuerdo más real. Se puso su mano izquierda en la cintura y levanto su mano derecha a un hombro fantasma. Ese fantasma del recuerdo que todavía vivía en su mente. Tarareando la canción en voz baja sus piernas se movieron al compás. El dueño del coche, que lo estaba limpiando, paró para observar a la mujer bailando sola. Su camisa bailaba con el viento y su cara esbozaba una sonrisa. Una imagen tan bella que no podía parar de observarla.
lunes, 18 de marzo de 2013
Si o no
Las puertas se abrían dejando a la luz entrar de lleno. Esta era muy clara y fuerte llenando la habitación de calor. Sus ojos no podían mirar de tanto resplandor. De repente se despertó. La ventana estaba cerrada. Por un momento se quedo bloqueada. ¿Por que había visto la luz en sus ojos si la habitación estaba en penumbra? Se levanto con esta sensación extraña de haber perdido el norte. Miró la habitación como si no fuera suya y se vistió. De repente se fijo en un trozo de papel que había en la mesilla de noche. En él ponía "¿Todavia me quieres?".
Se quedo mirando el papel en silencio. ¿Era una pregunta cerrada o abierta? ¿Todavia se podía querer o ya no se podía seguir queriendo? ¿Por que la gente pregunta lo que intuye? ¿Por que piensa que la realidad del sonido o de la imagen es más cierta que la intuición de la entraña visceral? Esa entraña que nace con nosotros y que se forma y deforma con la edad.
El amor es como ese anuncio de Cucal, donde decía "la cucarachas nacen, crecen, se multiplican y con cucal mueren". Pues eso, pero en vez de Cucal, aquí utilizamos la rutina, la desidia, el no apostar, el no querer seguir luchando más. Ella miró el papel con cara de Cucal. A ella las cucarachas ya no le aparecian por ningun sitio desde hacia tiempo.
Se dirigió a la cocina y puso la cafetera al fuego. No quería pensar más. Era demasiado pronto para agobiarse. El teléfono sonó. "Hola......si, acabo de levantarme.........no, no he visto ninguna nota. Me he levantado rápido para ir al baño.......espera, te llamo luego. Llaman a la puerta". Colgó el teléfono y se encendió un cigarrillo. El humo salia de la boca muy despacio al mismo tiempo que la cafetera empezaba a silbar.
Andando por la calle, miraba los escaparates. Todavía no lo había llamado, pero no le apetecía. No se sentía culpable. Solo necesitaba tiempo para pensar. Pensar sin pensar, dejar que todo fluyese y que la vida le diera una respuesta a su gran pregunta "¿Todavia le quiero?". Pasó por una floristeria y al ver las margaritas, desojo una mentalmente. "Le quiero, no le quiero, le quiero, no le quiero, le quiero, no le quiero, le quiero, ¿le quiero?¿Le quiero?......"¿Por que le parecía tan difícil contestar?
Cuando llego a casa, él estaba en la cocina. Estaba cocinando uno de sus platos especiales. Cocinaba con muchas especias y olia muy fuerte. Una bocanada de sol, de pimienta, de sudor se asentó en su estomago y le dieron ganas de vomitar. Se dirigió rápido al cuarto de baño. "¿Estas bien?" le dijo él cogiéndole la cabeza, mientras ella con espasmos se cogía a la tapa del vater. "¿Te encuentras bien?" "No, no me encuentro muy bien. Es como si me faltase el aire. ¿Puedes abrir la ventana?" Mientras él salia de la habitación, ella se miró en el espejo del cuarto de baño y al mirarse a los ojos, ellos le dieron la respuesta. "Pues va a ser que no".
Se quedo mirando el papel en silencio. ¿Era una pregunta cerrada o abierta? ¿Todavia se podía querer o ya no se podía seguir queriendo? ¿Por que la gente pregunta lo que intuye? ¿Por que piensa que la realidad del sonido o de la imagen es más cierta que la intuición de la entraña visceral? Esa entraña que nace con nosotros y que se forma y deforma con la edad.
El amor es como ese anuncio de Cucal, donde decía "la cucarachas nacen, crecen, se multiplican y con cucal mueren". Pues eso, pero en vez de Cucal, aquí utilizamos la rutina, la desidia, el no apostar, el no querer seguir luchando más. Ella miró el papel con cara de Cucal. A ella las cucarachas ya no le aparecian por ningun sitio desde hacia tiempo.
Se dirigió a la cocina y puso la cafetera al fuego. No quería pensar más. Era demasiado pronto para agobiarse. El teléfono sonó. "Hola......si, acabo de levantarme.........no, no he visto ninguna nota. Me he levantado rápido para ir al baño.......espera, te llamo luego. Llaman a la puerta". Colgó el teléfono y se encendió un cigarrillo. El humo salia de la boca muy despacio al mismo tiempo que la cafetera empezaba a silbar.
Andando por la calle, miraba los escaparates. Todavía no lo había llamado, pero no le apetecía. No se sentía culpable. Solo necesitaba tiempo para pensar. Pensar sin pensar, dejar que todo fluyese y que la vida le diera una respuesta a su gran pregunta "¿Todavia le quiero?". Pasó por una floristeria y al ver las margaritas, desojo una mentalmente. "Le quiero, no le quiero, le quiero, no le quiero, le quiero, no le quiero, le quiero, ¿le quiero?¿Le quiero?......"¿Por que le parecía tan difícil contestar?
Cuando llego a casa, él estaba en la cocina. Estaba cocinando uno de sus platos especiales. Cocinaba con muchas especias y olia muy fuerte. Una bocanada de sol, de pimienta, de sudor se asentó en su estomago y le dieron ganas de vomitar. Se dirigió rápido al cuarto de baño. "¿Estas bien?" le dijo él cogiéndole la cabeza, mientras ella con espasmos se cogía a la tapa del vater. "¿Te encuentras bien?" "No, no me encuentro muy bien. Es como si me faltase el aire. ¿Puedes abrir la ventana?" Mientras él salia de la habitación, ella se miró en el espejo del cuarto de baño y al mirarse a los ojos, ellos le dieron la respuesta. "Pues va a ser que no".
lunes, 4 de marzo de 2013
Sin retorno
Desde la ventana ve caer las gotas de lluvia en el cristal. Su mirada esta ausente, mirando para adentro, en sus ideas, sus sueños. Su cabeza, como a menudo, muy dispersa e intentando hacer coincidir su realidad con ese mundo paralelo que es su realidad virtual. Una realidad que solo existe dentro de su cabeza.
Un mundo imaginario demasiado sensible para un mundo tan rudo como el de hoy en día. Se deja balancear por sus pensamientos mientras su mirada incierta se tropieza con la gente que pasa ajena a su mundo. Gente con sus propios problemas y su propia vida, pero como si en el fondo todos tuvieran esa mirada perdida de vivir una vida que no les corresponde.
Mientras coge un papel y garabatea unos dibujos sin sentido, su cabeza solo hace que pensar. No sabe muy bien como ha llegado hasta aquí, pero lo malo es que no hay vuelta atrás. Es un punto sin retorno y ella sabe que eso no es verdad. Siempre se pueden despasar los pasos hechos. Lo malo es que es cabalgando sobre personas y rompiendolos. Eso ya le ha pasado muchas veces y aunque parece que sale de rositas de toda esta batalla, siempre el dolor vuelve a pegarle al corazón. Tan fuerte, que luego tarda mucho en recobrar la rutina y se queda muy débil.
Su cabeza lleva una corona muy pesada de reina de corazones. De destrozar vidas allá donde se posa. De siempre dar patadas allá donde va. Pero solo es para hacerse paso cuando todas las cuerdas le ahogan. Ella solo quiere libertad para poder hacer lo que ella quiera y claro, eso la gente no lo entiende. La gente piensa que cuando uno es mayor tiene obligaciones. Uno ya no puede hacer lo que quiere. Se debe a unas pautas, a unos condicionantes.
Mentira. Eso es todo mentira. excusas de mentes débiles que les da miedo reaccionar. Mentes que tienen miedo a mover ficha por el que dirán, por no poder volver hacia atrás si todo sale mal. Pero cuando lo que tienes que ganar es tan bueno, que mas da lo que pierdas si ganas el doble.
Ella llegó a casa, hizo la maleta y cuando él volvió a casa, miró la maleta, la miró a ella y se quedo mudo. "Me voy. Me ahogo aquí. Ya lo sabes. Te he dicho muchas veces que no era feliz" Él la miro sin mirarla. Era algo que ya se había repetido en su mente varias veces. Ella se lo había repetido varias veces, pero nunca pensó que lo pudiera hacer de verdad. Ella, con los ojos llenos de lágrimas le miro a los ojos, esperando una palabra que le hiciera cambiar de idea, que le hiciera pensar que estaba equivocada, pero esa palabra nunca salió de sus labios. "¿Quieres que te llame a un taxi?" le dijo él cogiéndole las bolsas.
Después de cargar las bolsas en el taxi, se abrazaron los dos y ella susurro "lo siento" en su oído. Ella se subió a la parte trasera del coche y él espero a que el coche desapareciera. Su cara estaba triste y ella no pudo evitar las lágrimas por aquella historia rota. Una historia más que no había podido atar a aquel corazón salvaje suyo. Un corazón que echaba de menos correr libre en cuanto se sentía atrapado. Mientras pensaba en su próximo destino no podía para de llorar. Llorar por la historia perdida, y por esa maldición de querer ser libre de espíritu y de corazón.
Un mundo imaginario demasiado sensible para un mundo tan rudo como el de hoy en día. Se deja balancear por sus pensamientos mientras su mirada incierta se tropieza con la gente que pasa ajena a su mundo. Gente con sus propios problemas y su propia vida, pero como si en el fondo todos tuvieran esa mirada perdida de vivir una vida que no les corresponde.
Mientras coge un papel y garabatea unos dibujos sin sentido, su cabeza solo hace que pensar. No sabe muy bien como ha llegado hasta aquí, pero lo malo es que no hay vuelta atrás. Es un punto sin retorno y ella sabe que eso no es verdad. Siempre se pueden despasar los pasos hechos. Lo malo es que es cabalgando sobre personas y rompiendolos. Eso ya le ha pasado muchas veces y aunque parece que sale de rositas de toda esta batalla, siempre el dolor vuelve a pegarle al corazón. Tan fuerte, que luego tarda mucho en recobrar la rutina y se queda muy débil.
Su cabeza lleva una corona muy pesada de reina de corazones. De destrozar vidas allá donde se posa. De siempre dar patadas allá donde va. Pero solo es para hacerse paso cuando todas las cuerdas le ahogan. Ella solo quiere libertad para poder hacer lo que ella quiera y claro, eso la gente no lo entiende. La gente piensa que cuando uno es mayor tiene obligaciones. Uno ya no puede hacer lo que quiere. Se debe a unas pautas, a unos condicionantes.
Mentira. Eso es todo mentira. excusas de mentes débiles que les da miedo reaccionar. Mentes que tienen miedo a mover ficha por el que dirán, por no poder volver hacia atrás si todo sale mal. Pero cuando lo que tienes que ganar es tan bueno, que mas da lo que pierdas si ganas el doble.
Ella llegó a casa, hizo la maleta y cuando él volvió a casa, miró la maleta, la miró a ella y se quedo mudo. "Me voy. Me ahogo aquí. Ya lo sabes. Te he dicho muchas veces que no era feliz" Él la miro sin mirarla. Era algo que ya se había repetido en su mente varias veces. Ella se lo había repetido varias veces, pero nunca pensó que lo pudiera hacer de verdad. Ella, con los ojos llenos de lágrimas le miro a los ojos, esperando una palabra que le hiciera cambiar de idea, que le hiciera pensar que estaba equivocada, pero esa palabra nunca salió de sus labios. "¿Quieres que te llame a un taxi?" le dijo él cogiéndole las bolsas.
Después de cargar las bolsas en el taxi, se abrazaron los dos y ella susurro "lo siento" en su oído. Ella se subió a la parte trasera del coche y él espero a que el coche desapareciera. Su cara estaba triste y ella no pudo evitar las lágrimas por aquella historia rota. Una historia más que no había podido atar a aquel corazón salvaje suyo. Un corazón que echaba de menos correr libre en cuanto se sentía atrapado. Mientras pensaba en su próximo destino no podía para de llorar. Llorar por la historia perdida, y por esa maldición de querer ser libre de espíritu y de corazón.
sábado, 2 de febrero de 2013
Futuro incierto
Mientras la gente va cogiendo los abrigos y van cerrando las luces de sus despachos, ella se queda rezagada con la cara en la pantalla. Una pantalla que le ha dado mas que un quebradero de cabeza en muchisimas situaciones difíciles. Una oficina que le ha dado mas enemigos que amigos, pero que esos poco elegidos no los cambiaria por nada en el mundo. Un espacio que se ha comido años de su vida. Se comió los primeros pasos de su hijo, la simpatía y conexión con su marido hasta hacerlos dos desconocidos que vivían juntos, la juventud de una piel dando paso a cabellos plateados y bolsas en los ojos. Y a pesar de todo, iba a echar mucho de menos llegar aquí todas las mañanas y cambiar su rutina diaria.
A partir de mañana ya no tenia que volver allí. La empresa rescindía de ella y de 100 compañeros mas alrededor de toda España. Las cosas están mal y tienen que cerrar oficinas. No solamente es ella. Lo típico de mal de muchos, consuelo de tontos, pero a ella, a los 55 años, hacerle esto era en letras grandes toda una putada. Ya no tenia la mentalidad de joven, de pensar que la vida era mas que trabajar. Para ella ir a trabajar era su modo de vida y no quería ni pensar en que iba a pasar a partir de mañana.
Mientras sus compañeros iban saliendo de la oficina ella no podía levantarse de su silla. Miraba toda la oficina cuidadosamente. No quería dejar ni un detalle sin grabar en el disco duro de su memoria. "¿Ese cuadro es nuevo? Nunca me había fijado en él". De lejos, ya en la puerta, una de sus compañeras, una de esas que se había convertido en su mejor amiga, le miraba en silencio. La miraba haciendo la misma función, intentando recordar cuando fue la primera vez que la vio entrar en aquella oficina. Como le caía de mal en un principio y como cambio su mentalidad a raíz de que ella le ayudara en aquel lio con el jefe. Tenia mucho carácter pero un corazón como un elefante de grande. Sin darse cuenta, las lágrimas le cayeron por las mejillas.
Ella cogió la bolsa que había preparado con todas sus cosas, fotos, libretas, bolis, agendas...las flores que les habían regalado sus compañeros hoy por ser su último día. Había sido un día cargado de emociones y ahora no sabia como dar un carpetazo final a este episodio. Un episodio que se cerraba en contra de su voluntad, pero en el que ella no podía hacer nada. Cogió su abrigo, sus cosas y apago el ordenador. Al ver a su amiga en la puerta con su cara triste, se vio en la obligación de animarle "Venga Rosa, no seas tonta. Si nos vamos a ver más ahora que antes. Con la de tiempo libre que voy a tener a partir de ahora" y la cogió y la abrazo muy fuerte. Ellas sabían que la conexión que tenían ahora la iban a ir perdiendo poco a poco. Que ya nada iba a ser lo mismo, pero las dos se mintieron para poder seguir adelante "Ya te vale, ya. Menuda envidia me das. La de tiempo que vas a tener para por fin poder hacer lo que quieras. Yo el lunes de vuelta a este rollo".
Ya en la calle, comenzó a caminar. Era una mujer libre. Lo que había dicho su amiga era verdad. Por fin podía hacer lo que quería..........¿y que es lo que quería?....bueno, ya lo pensaría. Ahora tenia mucho tiempo para pensar. Y mientras caminaba por la calle miraba todo a su alrededor. Caras que le miraban como diciéndole"Yo estoy en tu misma situación. Soy libre también. ¿Ves lo contento que estoy? ¿Puedes palpar la felicidad de toda la población que ahora puede por fin hacer lo que quiere?" Sus ojos llenos de lágrimas se quedaron sin imagen.
A partir de mañana ya no tenia que volver allí. La empresa rescindía de ella y de 100 compañeros mas alrededor de toda España. Las cosas están mal y tienen que cerrar oficinas. No solamente es ella. Lo típico de mal de muchos, consuelo de tontos, pero a ella, a los 55 años, hacerle esto era en letras grandes toda una putada. Ya no tenia la mentalidad de joven, de pensar que la vida era mas que trabajar. Para ella ir a trabajar era su modo de vida y no quería ni pensar en que iba a pasar a partir de mañana.
Mientras sus compañeros iban saliendo de la oficina ella no podía levantarse de su silla. Miraba toda la oficina cuidadosamente. No quería dejar ni un detalle sin grabar en el disco duro de su memoria. "¿Ese cuadro es nuevo? Nunca me había fijado en él". De lejos, ya en la puerta, una de sus compañeras, una de esas que se había convertido en su mejor amiga, le miraba en silencio. La miraba haciendo la misma función, intentando recordar cuando fue la primera vez que la vio entrar en aquella oficina. Como le caía de mal en un principio y como cambio su mentalidad a raíz de que ella le ayudara en aquel lio con el jefe. Tenia mucho carácter pero un corazón como un elefante de grande. Sin darse cuenta, las lágrimas le cayeron por las mejillas.
Ella cogió la bolsa que había preparado con todas sus cosas, fotos, libretas, bolis, agendas...las flores que les habían regalado sus compañeros hoy por ser su último día. Había sido un día cargado de emociones y ahora no sabia como dar un carpetazo final a este episodio. Un episodio que se cerraba en contra de su voluntad, pero en el que ella no podía hacer nada. Cogió su abrigo, sus cosas y apago el ordenador. Al ver a su amiga en la puerta con su cara triste, se vio en la obligación de animarle "Venga Rosa, no seas tonta. Si nos vamos a ver más ahora que antes. Con la de tiempo libre que voy a tener a partir de ahora" y la cogió y la abrazo muy fuerte. Ellas sabían que la conexión que tenían ahora la iban a ir perdiendo poco a poco. Que ya nada iba a ser lo mismo, pero las dos se mintieron para poder seguir adelante "Ya te vale, ya. Menuda envidia me das. La de tiempo que vas a tener para por fin poder hacer lo que quieras. Yo el lunes de vuelta a este rollo".
Ya en la calle, comenzó a caminar. Era una mujer libre. Lo que había dicho su amiga era verdad. Por fin podía hacer lo que quería..........¿y que es lo que quería?....bueno, ya lo pensaría. Ahora tenia mucho tiempo para pensar. Y mientras caminaba por la calle miraba todo a su alrededor. Caras que le miraban como diciéndole"Yo estoy en tu misma situación. Soy libre también. ¿Ves lo contento que estoy? ¿Puedes palpar la felicidad de toda la población que ahora puede por fin hacer lo que quiere?" Sus ojos llenos de lágrimas se quedaron sin imagen.
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